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Una de las bodegas más inquietas del sur de Brasil, Lidio Carraro, acaba de presentar un Malbec que quiere escribir capítulo propio en una variedad dominada por Argentina: un vino desarrollado en Encruzilhada do Sul, en la Serra do Sudeste gaúcha, a partir de clones de Cahors y Mendoza. Una producción limitada de 16.100 botellas numeradas.

Aunque la Malbec nació en el sudoeste de Francia, fue en Argentina donde se consolidó como una de las variedades tintas más reconocidas del mundo, al punto de ser también una de las uvas preferidas por los consumidores brasileños. Sobre esa base se monta el proyecto de Lidio Carraro, que busca reinterpretar la clásica Malbec pero desde un terroir brasileño y con una fuerte dosis de experimentación.

Según la comunicación oficial de la bodega, el punto de partida fue claro:

  • Seleccionar material genético de referencia, combinando clones de Cahors –la cuna histórica de la casta, donde se la conoce como Côt Noir– y de regiones icónicas de Mendoza.

El equipo técnico recorrió Perdriel, Agrelo y Gualtallary, tres nombres de peso en la vitivinicultura argentina, para identificar clones de Malbec considerados “modelo” por su comportamiento en altura, su estructura de taninos y su perfil aromático.

En paralelo, el proyecto incorporó un clon originario de Cahors, buscando sumar la impronta más austera y terrosa asociada al Malbec francés. Todo ese material se implantó en un nuevo viñedo de Encruzilhada do Sul, en la Serra do Sudeste de Rio Grande do Sul, con el objetivo de observar cómo respondía cada clon a las condiciones de suelo, clima y manejo brasileñas.

Un Malbec “desarrollado en territorio brasileño”

La bodega explica que el propósito siempre fue investigar cómo la Malbec puede desarrollar una identidad propia cuando se cultiva en suelo brasileño, más allá de las referencias francesas y argentinas.

El resultado se embotella bajo el nombre Lidio Carraro Novo Malbec 2025 y, de acuerdo con la ficha técnica oficial, se trata de un:

  • 100% Malbec.
  • Cosecha 2025.
  • 14,5% de alcohol, con acidez total de 6,43 g/l y 2,2 g/l de azúcar residual.
  • 16.100 garrafas (botellas) numeradas de 750 ml.

La filosofía de la casa –que se define como “purista”, con mínima intervención y máximo respeto por la integridad del vino– se refleja en el enfoque del proyecto: combinación de ciencia, precisión vitícola y respeto al origen, pero con la clara intención de proponer “una nueva expresión de la variedad desarrollada a partir de la vitivinicultura brasileña”.

Perfil sensorial: fruta negra, especias y capas de complejidad

En términos aromáticos, la descripción difundida por la bodega y retomada por medios brasileños marca un perfil profundo y sofisticado:

  • Frutas negras bien definidas, con notas de amora (mora) y ameixa‑preta (ciruela negra).
  • Matices florales de violeta.
  • Presencia de especias, que subrayan la estructura.

Con mayor oxigenación y evolución en botella, el vino suma nuevas capas de complejidad:

  • Cuero,
  • café,
  • y toques terrosos, propios de una Malbec pensada para mostrar diferentes momentos de evolución en el tiempo.

En boca, la bodega habla de una textura “envolvente, con excelente volumen de boca, taninos macios y final persistente”, lo que en la práctica apunta a un tinto de estructura firme pero sin agresividad, diseñado tanto para consumo relativamente temprano como para guarda.

Según Lidio Carraro, el rótulo fue concebido para que:

  • En los primeros cinco años, destaque la intensidad de la fruta.
  • A partir de ocho años de guarda, se expresen con mayor claridad los aromas terciarios, como el cuero, el café y las notas terrosas.

Un movimiento con mensaje para la región

Más allá del caso puntual, el proyecto de Lidio Carraro funciona como una señal interesante para el negocio del vino en el Cono Sur:

  • Confirma que la Malbec ya es una variedad regional, cuya lectura no se agota en Argentina –hoy primer productor y exportador mundial–, sino que empieza a sumar interpretaciones propias en vecinos como Brasil.
  • Muestra cómo el intercambio de material genético entre Cahors, Mendoza y la Serra do Sudeste puede derivar en vinos que no intentan copiar, sino dialogar con esos modelos, tomando de cada uno una parte de su ADN.
  • Y recuerda que la discusión sobre Malbec ya no pasa sólo por origen y altura, sino también por clones, manejo de viñedo y capacidad de guarda, algo que este proyecto brasileño pone en primer plano al hablar explícitamente de ventanas de consumo de 5 y 8 años.

Para bodegas y consumidores de todo el mundo, el Novo Malbec de Lidio Carraro aparece como un caso para seguir de cerca: un vino que, desde un terroir todavía en construcción para la crítica internacional, busca demostrar que la uva emblemática del país del Malbec también puede contar nuevas historias cuando cruza fronteras y se reescribe en clave brasileña.


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