No es novedad que el consumo global de vino volvió a caer en 2025 y quedó en 208 millones de hectolitros (mhl), el nivel más bajo desde fines de los años 50, claro, ahora lo confirmó la OIV. La caída ya acumula un 14% desde 2018 y golpea a nueve de los diez mayores mercados del mundo. Atentos, en Brasil pasa todo lo contrario, el vino sigue creciendo y si es argentino, más.
No es momento de echarse culpas ni de buscar responsables, se toma menos vino, es un hecho cultural de los tiempos en los que vivimos. El consumidor ya no es el mismo, en estos días tiene otras búsquedas y para conquistarlos a ellos y a los del futuro hay que ponerse a trabajar. Ya no son tan pocos los que lo entienden así.
En su informe “State of the World Wine Sector in 2025”, la OIV describe un sector atravesado por lo que llama “cambios estructurales de largo plazo en los mercados maduros”, sumados a nuevos comportamientos de consumo y a la presión económica sobre el poder adquisitivo.
La fotografía de 2025 es contundente:
- Consumo mundial: 208 mhl, –2,7% interanual y –14% acumulado desde 2018.
- Es el nivel más bajo en más de 60 años de registros.
- Nueve de los diez principales mercados redujeron su demanda.
La OIV vincula el freno en el consumo a:
- Precios promedio altos, alimentados por tres años de cosechas relativamente bajas y el arrastre inflacionario.
- La preferencia creciente por bebidas de menor graduación alcohólica y formatos más pequeños, especialmente en países tradicionalmente consumidores de vino.
El director general de la OIV, John Barker, sintetizó el momento con una lectura amplia: “En los últimos años, el sector del vino ha tenido que adaptarse a desafíos climáticos, económicos y sociales permanentes”. Y agregó que en 2025, además, “la disrupción del comercio internacional por las políticas arancelarias fue otro impacto externo que productores, exportadores y la cadena de suministro debieron gestionar”.
Quiénes caen y quiénes crecen: del derrumbe en China al salto brasileño
La contracción se concentra en las grandes plazas históricas:
- Estados Unidos (fuera de la OIV, pero medido por la organización) bajó 4,3%, hasta 31,9 mhl.
- Francia consumió 22 mhl, un –3,2% interanual.
- Italia cayó 9,4%, hasta 20,2 mhl.
- Alemania retrocedió 4,3% a 17,8 mhl.
- China, que viene en declive desde 2018, sufrió otro golpe: –13%, hasta apenas 4,8 mhl.
Pero no todo es contracción. Tres mercados se destacan en sentido contrario:
- Portugal alcanzó un récord de 5,6 mhl, con un crecimiento del 5,6% respecto de 2024.
- Brasil fue la sorpresa: el consumo saltó 41,9% hasta 4,4 mhl, consolidando al país como uno de los pocos grandes mercados donde el vino sigue ganando espacio.
- Japón creció 6,8%, hasta 3,3 mhl.
Estos datos confirman un patrón que en el Cono Sur ya se percibía en el negocio: mientras las plazas tradicionales ajustan por precio, salud y cambio generacional, algunos mercados emergentes —Brasil entre ellos— ofrecen una ventana de crecimiento para quienes sepan leer el mix correcto de precio, estilo y canal.
Producción, clima y stock: menos vino, pero el mercado sigue “equilibrado”
Del lado de la oferta, la OIV estima que la producción mundial 2025 fue de 227 mhl, apenas 0,6% por encima de la débil cosecha 2024 y todavía 9,4% por debajo del promedio de cinco años.
El organismo apunta a una combinación de factores:
- Heladas tempranas, lluvias intensas y sequías prolongadas afectaron viñedos en ambos hemisferios.
- Algunos países productores, especialmente en Europa, recortaron producción de manera deliberada —incluso con arranques de viñedos— para ajustar la oferta a una demanda más blanda.
En comercio exterior, la foto también es negativa:
- Exportaciones mundiales: 94,8 mhl, –4,7% en volumen.
- Valor exportado: €33.800 millones (U$S 39.600 millones), una caída del 6,7% interanual.
- Solo las importaciones de vino de EE.UU. cayeron 11,6% en valor, hasta €5.500 millones.
La OIV relaciona estos números con:
- Demanda más débil a nivel global.
- Incertidumbre por aranceles y tensiones comerciales, con especial impacto de los tarifas estadounidenses sobre ciertas categorías.
Aun así, Barker remarca que el mercado, por ahora, no está en crisis de stock: “En general, el sector está mostrando su resiliencia, buscando nuevas oportunidades de mercado y ajustando la capacidad de producción en línea con la demanda”. La menor producción ayuda a evitar un exceso de inventarios que podría haber presionado aún más los precios a la baja.
Qué significa todo esto para los productores del Cono Sur
Para bodegas y exportadores de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, el diagnóstico de la OIV deja varias señales claras:
- Menos volumen, más pelea por valor: con el consumo global cayendo 14% desde 2018 y el comercio exterior retrocediendo en litros y en euros, la batalla no será solo vender más, sino vender mejor —en precio, narrativa de origen y construcción de marca.
- Mercados tradicionales más fríos: la contracción en EE.UU., la Unión Europea y China obliga a afinar la segmentación por canal (on/off trade, e‑commerce, discounters) y el mix de categorías (tranquilos, espumosos, baja graduación).
- Brasil como oportunidad táctica: el salto del 41,9% en consumo hasta 4,4 mhl confirma a Brasil como mercado clave para el vino del Cono Sur, pero también como plaza cada vez más disputada por Europa y, crecientemente, por productores locales.
- Clima y capacidad instalada: las cifras de producción y arranques de viñedos refuerzan que ampliar superficie o capacidad sin una estrategia comercial clara es, hoy, una apuesta de alto riesgo.
El reporte de la OIV no trae buenas noticias, pero sí un mensaje nítido: el mundo del vino entró en una fase de menos volumen, más selección. Los que ganen en los próximos años no serán necesariamente los que más litros produzcan, sino quienes logren leer mejor a un consumidor que bebe menos, elige más y mira con lupa cuánto paga por cada copa.