Anne-Caroline Biancheri fundó su bodega en Vista Flores en 1998. Ahora transforma el modelo con un desarrollo inmobiliario de 44 residencias, formato club privado, spa y centro de bienestar holístico, con apertura proyectada para 2028.
Hay historias empresariales que empiezan con una decisión ajena. En este caso, con el miedo de un padre. A comienzos de los años 90, en plena Guerra del Golfo, un empresario francés radicado en París salió a buscar un refugio lejos de los conflictos bélicos. Junto a su familia —que ya había vivido, entre otros destinos, en Costa de Marfil— recorrió Buenos Aires, Mendoza y Salta. Así nació el primer vínculo familiar con la Argentina, años antes de que su hija decidiera instalarse de manera definitiva.
Esa hija es Anne-Caroline Biancheri, hoy titular de Antucura, la bodega mendocina que combina vino, hotelería y un ambicioso proyecto inmobiliario y de bienestar. Nacida en Marsella, con una infancia repartida entre París, Costa de Marfil y la frontera con Bélgica, llegó al país en septiembre de 1992 para hacer una pasantía. Tras terminar sus estudios de marketing y gestión en la American University of Paris, en enero de 1993 se instaló en Buenos Aires.
Del negocio editorial al Valle de Uco
El camino hacia el vino no fue directo. Biancheri fundó primero la editorial Caviar Bleu, dedicada a publicidad, marketing y edición de libros. Publicó dos títulos sobre Santiago de Chile y uno sobre Mendoza, encargado por el gobierno provincial de entonces. Ese proyecto la llevó a la principal provincia vitivinícola argentina.
El vino, de todos modos, ya estaba en la genealogía familiar. “Mi abuelo tenía viñedos en el sur de Francia y mi padre tenía un viñedo en sociedad en Borgoña”, recuerda. En 1998, gracias a la amistad de su padre con el enólogo francés Michel Rolland —que por entonces buscaba una propiedad en la zona—, conoció Vista Flores, en el Valle de Uco.
“Cuando descubrí esta finca me enamoré”, dice. Ese mismo año compró el campo y, bajo el asesoramiento de Rolland, empezó de cero: entre 2000 y 2005 se plantaron 100 hectáreas de viñedo en alta densidad, con variedades poco habituales en la Argentina de entonces, como Cabernet Franc y Petit Verdot. “Yo, con mentalidad francesa, pensaba en hacer blends, no varietales”, explica.
El giro hacia el bienestar y el real estate
La bodega dio pronto un paso más allá del vino con un pequeño hotel: la construcción comenzó en 2005 y la apertura fue en 2007. “Para que la gente se enamore del vino tiene que vivir el lugar, la gente y el suelo”, sostiene la fundadora.
Durante casi una década, buena parte de la finca y el hotel estuvieron alquilados a un grupo vitivinícola de peso. Cuando Biancheri retomó la conducción directa, encontró un escenario distinto: un boom hotelero en el Valle de Uco y una industria golpeada por la caída del consumo mundial de vino y el avance de bebidas de menor graduación alcohólica. “El vino se va a seguir consumiendo, pero se va a consumir cada vez más calidad, y tiene que formar parte de una experiencia más completa”, sintetiza.
De ese diagnóstico surgió un centro de bienestar holístico. Llegó a evaluar instalarlo en Punta del Este, pero decidió que debía nacer en Mendoza. “Empezó a surgir la idea de desarrollar no solo el buen vivir, sino el bien vivir”, cuenta, en referencia a un concepto que combina alimentación orgánica, vino y prevención en salud, trabajando “desde el cuerpo, las emociones, la mente y el alma”.
Los números del proyecto
El business plan, todavía en diseño, contempla un nuevo restaurante, una tienda, una sala de degustación, una biblioteca, un anfiteatro entre los viñedos para talleres y retiros, y un spa de unos 250 metros cuadrados. A eso se suma un desarrollo inmobiliario con residencias de uno, dos y tres dormitorios —las más chicas pensadas para integrar un pool hotelero de alquiler temporario— y 18 terrenos de 6.000 metros cuadrados para viviendas particulares. La primera etapa prevé 44 residencias, con una eventual segunda de entre 20 y 30 unidades adicionales.
El esquema será de club privado: quienes compren una residencia serán socios fundadores y el acceso al predio —salvo al nuevo restaurante— será por membresía, permanente o por día. Dentro del predio no circularán autos particulares, solo carritos de golf y bicicletas.
En los próximos meses espera tener listas las carpetas de venta y saldrá a buscar socios financieros, con la meta de definir el financiamiento antes de fin de año. Luego calcula entre un año y medio y dos años de obra, con apertura hacia 2028. El hotel actual se transformaría en el clubhouse.
Inversión extranjera y nuevos vinos
El target son europeos, estadounidenses y brasileños. “Por ser francesa, veo que la situación está muy complicada en Europa, no solo por la guerra, sino por la crisis de inmigración”, señala, y agrega que “Argentina y Uruguay son lugares con culturas muy similares, donde es fácil adaptarte y no te sentís lejos de casa”.
Sobre el país es igual de directa: “Mi país de corazón es la Argentina. Si un día no puedo viajar más por la edad, decido quedarme aquí. Amo este país”. Y sobre la coyuntura: “Tengo fe en que ahora estamos sobre el buen camino. Se están tomando las medidas que había que hacer desde hace mucho tiempo. Si pienso en desarrollar esto, es porque creo en el país”.
La bodega sigue siendo el corazón del proyecto. Antucura presentó un nuevo Pinot Noir Single Vineyard y renovó su línea Colección, una edición limitada de entre 800 y 1.200 botellas elaborada solo con las cosechas donde ciertos varietales alcanzan su máxima expresión. “El consumidor hoy busca vinos más elegantes y redondos. Dejamos atrás el uso demasiado marcado de madera o sabores invasivos”, resume la fundadora.
Mauricio Ortiz, enólogo de la bodega, apunta a vinos que “se expresen con fluidez, que sean precisos y elegantes, y que inviten a seguir tomando”, bajo un concepto que la casa define como “argentinos con acento francés”. Silvana Degiorgis, gerente, describe la línea Colección como el reflejo de “la esencia de nuestros viñedos en cada cosecha”, mientras que Cristian Barbosa, responsable comercial, subraya que cada edición “no responde solamente a una fórmula, sino a lo que ese año expresó con mayor calidad en la finca y en la bodega”.
Con más de tres décadas en el país, una bodega de 24 años y un proyecto que apunta a 2028, Biancheri resume su recorrido con una declaración de principios: “Me encantaría que la gente recuerde que, en algún momento, hemos llegado a tocar su alma”.