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Las exportaciones de vino australiano cayeron 6% a 598 millones de litros y 7% en valor, hasta A$2.300 millones (U$S 1.590 millones). China, Reino Unido y Estados Unidos lideraron el retroceso; Canadá y el sudeste asiático fueron la excepción. La actual situación no se vivió ni en el peor momento de los exorbitantes aranceles impuestos por China.

El vino australiano cerró su peor año exportador en más de dos décadas. Los nuevos datos de Wine Australia, el organismo oficial del sector, muestran que los envíos al exterior cayeron 6% en volumen durante el año cerrado en junio, hasta 598 millones de litros: la primera vez desde 2004 que el país perfora el umbral de los 600 millones de litros anuales. El retroceso también se sintió en la facturación, que bajó 7% a A$2.300 millones, equivalentes a unos U$S 1.590 millones.english.news

Un cambio de fondo, no un bache pasajero

Desde Wine Australia advierten que el resultado refleja el deterioro de las condiciones comerciales en varios de los principales destinos del vino australiano, en un contexto de caída del consumo global de vino que ya se ubica en su nivel más bajo desde 1961.

Peter Bailey, gerente de market insights de Wine Australia, fue categórico: “Los datos de múltiples fuentes sugieren que la caída del consumo de vino a nivel global es más que una desaceleración de corto plazo: es el reflejo de un cambio en el comportamiento del consumidor que está reconfigurando la demanda en todo el mundo”.

La contracción estuvo liderada por la demanda “más débil” en los tres mercados más importantes de Australia: China continental, Reino Unido y Estados Unidos.

China: se agotó el efecto rebote

China continental se mantuvo como el primer mercado por valor, aun cuando las exportaciones hacia ese destino cayeron 15% a A$756 millones. La explicación, según el organismo, es que el rebote posterior al levantamiento de los aranceles y el ciclo de reposición de stocks ya cumplieron su ciclo.

“El mercado ya no está impulsado por la reposición de stocks de vino australiano; más bien estamos viendo una fase más madura y guiada por la demanda, que refleja un mercado chino del vino más pequeño y de crecimiento más lento que el que existía antes de la imposición de aranceles a fines de 2020”, explicó Bailey.

Reino Unido y Estados Unidos, en mínimos de 25 años

En Reino Unido —todavía el mayor mercado por volumen— y en Estados Unidos —el segundo en volumen—, los embarques cayeron a su punto más bajo en 25 años. Pero el comportamiento por segmento de precio no fue homogéneo.

“La mayor parte de la caída proviene de los vinos comerciales y de precio medio. Los vinos australianos de mayor valor han sido más resilientes y siguen atrayendo demanda en el mercado británico”, detalló Bailey.

El diagnóstico para el mercado estadounidense es más preocupante: “A diferencia del Reino Unido, donde los vinos premium se mantuvieron relativamente resilientes, los datos de Estados Unidos apuntan a una demanda más débil en casi todas las categorías de precio”, señaló el analista.

Canadá y Asia, los contrapesos

No todo fue negativo en el balance anual. Canadá se destacó como la gran excepción, con un salto de 20% en valor exportado, hasta A$188 millones, y un alza de 13% en volumen.

También registraron crecimiento en valor Singapur, Tailandia, Malasia, Japón, Corea del Sur y Taiwán. Singapur, de hecho, se convirtió en el mayor mercado asiático de Australia fuera de China continental, un dato relevante para entender hacia dónde se está reorientando la estrategia comercial del vino australiano.

El espejo para la industria regional

El caso australiano funciona como termómetro para los países del Nuevo Mundo vitivinícola. La combinación de menor consumo global, presión sobre los vinos de entrada de gama y resiliencia relativa del segmento premium describe un escenario que también atraviesan los exportadores sudamericanos, especialmente aquellos con fuerte exposición a los mercados de Estados Unidos y Reino Unido.

La contracción exportadora se suma, además, a una vendimia históricamente corta: Wine Australia estimó la cosecha 2026 en 1,27 millones de toneladas, la más baja desde el año 2000 y alrededor de un 25% por debajo del promedio de la última década. Con oferta y demanda ajustándose a la baja al mismo tiempo, la industria australiana encara un reordenamiento estructural cuyo desenlace todavía está abierto.


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