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Una “tormenta perfecta” es la que deberá enfrentar la vitivinicultura en toda América, entre los cierres pandémicos, las tragedias geopolíticas, el factor climático y la escasez de botellas ponen en alerta a una industria que genera divisas extranjeras pero también las consume.

Este no será un año fácil para los productores de uva en lo que respecta tanto a la disponibilidad como al precio del gas, el combustible y los insumos importados para la tierra y las plantas.

En la Argentina, los primeros en levantar la voz fueron los de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Acovi) que en un comunicado explicaron que les preocupa “los efectos de la invasión de Rusia a Ucrania” porque el conflicto “incrementa nuevamente sus costos y empeora la previsibilidad para su actividad durante este año, especialmente en lo referido a aumentos de combustibles, gas y falta de fertilizantes”.

En California, Estados Unidos, los productores en el área de Lodi -entre Sacramento y San Francisco-, Renee Pinel de la Western Plant Health Association advirtió sobre “una tormenta perfecta” en la que los cierres por la pandemia, las interrupciones comerciales, la geopolítica, el clima impredecible, la escasez de mano de obra y los retrasos en la cadena de suministro han llevado a una menor disponibilidad del producto y mayores costos de todos los insumos”.

La productora californiana dijo que “las interrupciones del lado de la oferta combinadas con los aumentos del lado de la demanda han llevado a suministros de fertilizantes limitados y difíciles de obtener”, y culpó a los productores de maíz del medio oeste estadounidense que planean plantar más maíz y usar más fertilizantes por la escasez provocada por el conflicto europeo.

En la Argentina en cambio, el aumento en el precio de los combustibles comenzó a acelerarse en los últimos meses luego de un largo congelamiento de precios por parte del gobierno, “las subas presionan sobre los costos del productor vitivinícola en forma alarmante y -en las últimas semanas- acaba de sufrir un nuevo aumento que va entre el 9% y 11%. En la cosecha esto representa un 30% del costo total anual de producción, y dentro de sus componentes los gastos en combustible y acarreo tienen una incidencia preponderante. A esto debe agregarse que existe la posibilidad de subas inminentes en el futuro cercano.

“Si bien son efectos internacionales que afecta a múltiples países, se suma a los conocidos problemas inflacionarios que ya tiene el país -la Argentina se convirtió en marzo en el país de más alta inflación de Latinoamérica, más del 10% en tres meses- y los inconvenientes propios del sector como las caídas sistemáticas en la producción de los últimos años debido a contingencias climáticas de alto impacto en los cultivos.

Más allá de las vicisitudes de la coyuntura de cada país, los de California aconsejan a los productores de uva que, más allá de las circunstancias, se apoyen en la planificación temprana y  “revise sus necesidades de compra históricas, reconozca los problemas de retrasos continuos y trabaje en estrecha colaboración con sus proveedores, ordene con anticipación y almacene el producto”, aconsejó la viticultora.

El subgerente de ACOVI, Nicolás Vicchi, analizó el efecto que producen estos aumentos en el sector y dijo que “en el marco de un contexto internacional complejo debido al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, se produce un aumento de combustible que nos preocupa mucho, ya que impacta de forma directa e inmediata en un componente de relevancia para el costo de cosecha como es el acarreo de uva, además del encadenado efecto de aumento en el resto de los costos de producción. A modo de ejemplo, entre enero y febrero del corriente año la tarifa sugerida se incrementó un 7,16%, esto sin tener en cuenta la última suba. Además, a dicha problemática, se le suma la falta de insumos que se da en el mercado, la cual compromete la productividad del próximo año.”

Lo mismo que sucede en la Argentina, la vitivinicultura es una industria menor frente a la de cereales como la soja y el maíz, en California aducen que “los productores del Oeste estadounidense se enfocan en la importancia de cultivar gran parte de las frutas y verduras frescas del país pero lo que impulsa la disponibilidad y el precio de los fertilizantes para nosotros son los productos básicos de monocultivo del medio oeste que requieren una cantidad masiva de fertilizantes. Lo que hacen esos agricultores impulsa la disponibilidad y los precios para los que estamos aquí porque el tonelaje total es mucho menor en el oeste y somos una especie de segundo nivel para los proveedores de fertilizantes.”

“No le hecho la culpa a los demás productores, es solo la realidad de quién va a usar más, el impulsor de los problemas de la cadena de suministro” explican los viticultores.

Competir por el gas natural y los fertilizantes

Con el conflicto se observa un incremento de los precios internacionales del gas que influye en las tarifas domésticas. Esto repercute en la producción local de vidrio, que ya viene con problemas de abastecimiento desde hace ya un año y medio.

En Chile el problema parece menos grave por ahora, allí no tienen el problema de la inflación pero si comparten las dificultades que acarrea los incrementos inesperados de los precios internacionales del petróleo y gas a las que hay que sumar el aumento permanente de los costos de flete no solo terrestre sino además portuarios y del mismo transporte marítimo.

Desde ACOVI advierten que “durante los períodos de alta demanda se esperan cortes del suministro del gas y la energía, dado que no podrán trasladar a tarifa esos incrementos y la demanda de energía y gas no logró ser satisfecha de forma completa en años anteriores donde no teníamos semejante crisis. Tampoco absorberán los subsidios el impacto, dado el acuerdo establecido con el FMI. Recordemos que la generación de energía también depende de la generación térmica que requiere de gas, o de fueloil para producir energía. Estos dos sectores afectan a la vitivinicultura en la etapa de elaboración, por la demanda de energía de las bodegas y en el embotellamiento por vía de la escasez de insumos como las botellas.”

Sin embargo, aquí hay una luz de esperanza: la agencia Bloomberg informó que “los agricultores norteamericanos podrían estar buscando nutrientes para cultivos menos costosos este año”. El índice de precios de fertilizantes de América del Norte de Green Markets, que se duplicó con creces en 2021, comenzó a caer con “informes de almacenes llenos de urea de Nueva Orleans, un tipo de fertilizante nitrogenado, lo que indica que los nuevos niveles de precios llegaron para quedarse”.

“Siendo realista”, dijo la productora Pinel recomienda un análisis temprano del suelo para determinar qué tipos de nutrientes se necesitarán, luego un pedido temprano de los fertilizantes requeridos.

Desde las entidades son claras, la tormenta está allí y será imposible evitarla entonces recomiendan prepararse lo mejor posible para que los daños sean los menores posibles para poder superar estos tiempos ya que por el momento nada indica que la situación geopolítica y económico financiera vaya a cambiar nada -algunos creen que podría ser peor aún- en los próximos meses de este complejo 2022.


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