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Todavía no se escuchan los sonidos de alarma de la industria pero hay algunos referentes que comienzan a mirar con recelo cierta facilidad de algunos para provocar inquietud que lejos están de ser justificadas científicamente. El diario catalán La Vanguardia está muy atento al amarillismo.

“Fumar mata”, “Fumar provoca impotencia”, “Este producto del tabaco es nocivo para su salud y crea adicción”… Nos hemos acostumbrado a ver este tipo de etiquetas en los paquetes de tabaco junto a imágenes espeluznantes con la intención de advertir sobre los efectos de su consumo, pero ¿se imagina ver este tipo de informaciones también en las botellas de vino? Pronto podría ser así.

Beber un botella de 750 ml de vino a la semana aumenta el riesgo de desarrollar cáncer a lo largo de la vida, en la misma medida en que lo hace fumar 10 cigarrillos por semana para las mujeres o cinco en el caso de los hombres, según un estudio de la Universidad de Southampton y la de Bangor, en Reino Unido, considera que esta es una buena comparación para explicar los riesgos para la salud de beber con moderación.

Sin embargo, los mismos expertos que difundieron este informe hace un par de años advirtieron que fumar conlleva un riesgo de cáncer mucho mayor que el alcohol, para la mayoría de los bebedores.

El Comité Especial para Derrotar al Cáncer (BECA), un organismo creado en 2020 por el Parlamento europeo para luchar contra esta enfermedad, acaba de aprobar un informe  que incluye 196 artículos, entre los que no sólo se habla de medidas preventivas o sobre cómo impulsar una dieta saludable para reducir el riesgo de padecerlo, sino que en él también se pide textualmente “incluir avisos sanitarios en el etiquetado de las bebidas alcohólicas” así como “considerar un incremento de impuestos para estas” (concretamente en los puntos 15 y 16) . 

En el documento no se hace ninguna distinción entre las diferentes bebidas alcohólicas, ni por la graduación que contienen ni por su proceso de elaboración. De esta forma, destilados como el vodka, el whisky o la ginebra podrían quedar sujetos a la misma norma que otras bebidas fermentadas como el vino, la sidra, el shake o la cerveza. 

Algo que ha levantado las alarmas en el sector del vino, que prevé que la medida pueda perjudicarles notablemente, según ha explicado la Federación Española del Vino (FEV), que agrupa a más de 700 bodegueros y comercializadores de toda España y que se muestra especialmente preocupada porque el informe recalque textualmente que “no hay un nivel seguro de consumo”, lo que entienden como si se asociara directamente el beber una copa de vino con el riesgo de contraer cáncer. 

“Desde Lavinia tenemos todo el respeto a las autoridades sanitarias y la decisión al etiquetado que tomen, sin embargo consideramos que el consumo de vino es menos dañino que el de alcohol de alta graduación. Al ser un fermentado, merecería otra consideración puesto que tiene todas las virtudes gastronómicas y culturales y que está ligado en la mayoría de los casos a una agricultura responsable que evita el desarraigo rural”, afirma Juan Manuel Bellver, director de una de las distribuidoras de vino más reputadas de España. 

Por su parte, el ex sommelier del Bulli, Ferran Centelles, considera que aunque le parece bien que el consumidor sea informado, falta ver de qué modo se hace. “Una cosa es informar y otra es alarmar. Haremos lo que se nos diga, pero entre informar y alarmar hay una diferencia”, asegura, señalando que aún es pronto para ver hacia dónde van los tiros. “No me parece mal abrir el debate, pero lo que sí es seguro es que si este etiquetado se hace sin cariño y de forma alarmista, la industria del vino por seguro tendrá pérdidas”. 


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