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En el medio especializado inglés The Drink Business, la entidad responsable de comunicar los productos de la vitivinicultura argentina, destaca la topografía única del país para elaborar vinos frescos y vibrantes con un enfoque en nuevas indicaciones geográficas y un sentido de región del vino. Llamativa ausencia de importantes bodegas muy representativas de la Argentina.

La periodista inglesa comienza la nota destacando la altura de los viñedos de la Argentina en la que se pueden encontrar algunas de las regiones vitivinícolas más altas del mundo, con viñedos plantados a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar en las regiones del norte de Jujuy y Salta como por ejemplo las viñas de Bodega El Esteco, justamente una de las importantes bodegas que no fue mencionada en el informe.

Los enólogos del país utilizan esta elevación, que crea temperaturas más frías y un mayor rango diurno, para preservar la acidez y controlar los niveles de alcohol explica la periodista Phoebe French y agrega que también existe una tendencia a la recolección más temprana para crear vino con fenólicos maduros pero con una sensación fresca.

El último informe de cosecha, publicado por Wines of Argentina, dice que a pesar de una temporada de cultivo inusualmente cálida en 2019-2020, todavía había una frescura perceptible en los vinos de la temporada.

Como ejemplo de las técnicas empleadas, Bodega El Porvenir, con sede en Cafayate, realiza tres vendimias para su Torrontés, cada una con dos semanas de diferencia. Cada lote de uvas se fermenta por separado y luego se mezcla. Esto produce vinos más brillantes y con más complejidad pero con menos alcohol, según Lucía Romero, directora de El Porvenir.

30 hectáreas que vegetan sobre el trópico de Capricornio a una extrema altura, a 3.329 metros, se cultiva el segundo viñedo más alto del mundo, luego del récord Guinness de una viña en el Tibet a 3.563 metros.

Matías Riccitelli de Riccitelli Wines, conocido por su capacidad para innnovar y en particular por su Malbec, que se cultiva en tres viñedos en Luján de Cuyo y el Valle de Uco, dice que el objetivo es hacer vinos “puros” con “poca composición y mucha intensidad aromática, pero fresco y complejo al mismo tiempo”.

Desde hace un tiempo atrás, los productores argentinos han realizado un claro esfuerzo para mapear las regiones vitivinícolas existentes y comprender sus características clave, como el perfil del suelo y el clima. Esto ha llevado a un renovado interés en la formación de Indicaciones Geográficas (IG), particularmente en áreas del país donde los productores están comenzando a notar diferencias sustanciales en el estilo del vino, no solo por la altura sino también por el terroir.

Un buen ejemplo, en 2019, el Instituto Nacional de Vitivinicultura de Argentina aprobó la creación de dos nuevas IG en el Valle de Uco, Pampa El Cepillo y San Pablo. Otro ejemplo es Paraje Altamira, la primera de las IG de las más recientes y más pequeñas establecidas en el valle luego de una gran campaña de Bodega Catena Zapata, Terrazas de los Andes y Familia Zuccardi. La IG fue aprobada en 2013 y luego ampliada en 2016. Desde entonces, Los Chacayes se unió a ella y también hay una campaña para establecer Gualtallary como un área designada.

Hoy existen 18 provincias argentinas que registran superficie cultivada con vid: 70% Mendoza, 21,5% San Juan, 3,6% La Rioja, 1,5% Salta (Cafayate), 1,3% Catamarca, 0,8% Neuquén y 0,7% Río Negro. Estas 7 provincias concentran la mayor superficie de vid. El restante 0,6% se distribuye en 11 provincias: Córdoba, La Pampa, Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Chubut, Entre Ríos, Jujuy, Misiones, Santiago del Estero y Santa Fe.

Como dice Phil Crozier, embajador de Wines of Argentina en Europa y Reino Unido, “con la rápida formación de IG y la posterior exploración del suelo, se están definiendo terruños nuevos y viejos. Esto solo ha sido posible cosechando las uvas antes, por lo que la diversidad de estas regiones es evidente en el vino”.

Latitud y Altitud

Cada vez más, la latitud y la altitud se han incorporado a la ecuación. Los productores están abriendo nuevos caminos al sur y este del país, en áreas como Chubut en la Patagonia Sur y Chapadmalal, Médanos y Sierra de la Ventana en la provincia de Buenos Aires. Las temperaturas más frías en estas regiones significan que las variedades como Pinot Noir, Chardonnay, Sauvignon Blanc y hasta el Albariño prosperan, mientras que también hay potencial para la producción de vino espumoso de alta calidad tal cual lo hace Bodega Trapiche Costa y Pampa de la mano del enólogo Ezequiel Ortego.

Una verdadera aventura enólogica en el Océano Atlántico.

Un poco más abajo, en la Patagonia, se puede encontrar a Otronia, el mayor productor de Chubut, está “aprendiendo una nueva forma de hacer vino”, según el director comercial, Máximo Rocca. La finca produce principalmente vinos de Chardonnay y Pinot Noir, haciendo el primero sin fermentación maloláctica. La crianza se realiza en fudres sin tostar, produciendo vinos con vitalidad y frescura.

Un enólogo argentino ha llevado el concepto de “influencia del océano” más lejos que la mayoría. La bodega patagónica Wapisa, propiedad de Patricia Ortiz (además Presidenta de la entidad Bodegas de Argentina), ha presentado un proyecto de envejecimiento bajo el agua, calificado como “el primero de su tipo” en la Argentina. La bodega ha sumergido 1.500 botellas de un blend de Malbec en tres cajas ubicadas entre seis y 15 metros de la costa atlántica de Río Negro. Los vinos se envejecerán en el océano durante siete meses antes de ser degustados junto con sus homólogos envejecidos en bodega.

El proyecto de Wapisa es solo un ejemplo de cómo está madurando la industria del vino argentino, utilizando nuevas técnicas junto con los conocimientos adquiridos durante siglos para producir vinos impulsados ​​por la calidad.

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