El expresidente de Viña Concha y Toro, Alfonso Larraín Santa María, puso fin a una relación de 57 años con la mayor viña de Chile, marcando el cierre de una era para uno de los grupos vitivinícolas más influyentes de América Latina y un referente para los mercados de Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay.
Larraín, que cumplió 89 años en enero, ingresó al directorio de Concha y Toro en 1969 y fue pieza clave en la transformación de la compañía en un actor global del vino. Se desempeñó como gerente general entre 1973 y 1989, luego como vicepresidente del directorio entre 1989 y 1998 y, más tarde, como presidente durante cerca de tres décadas, hasta su salida de la presidencia a comienzos de 2025, cuando el cargo pasó a manos de Rafael Guilisasti Gana.
En la memoria 2025, su sucesor no escatimó elogios. “Quisiera rendir un especial reconocimiento a Alfonso Larraín, quien dejó la presidencia del directorio tras 27 años de destacada gestión. Durante este período, su sobresaliente liderazgo fue clave en los procesos de crecimiento y transformación de Viña Concha y Toro, contribuyendo de manera decisiva al prestigio y proyección global de la compañía”, escribió Rafael Guilisasti, hoy presidente del directorio.
La salida de Larraín se formaliza en la previa de la junta anual de accionistas del 21 de abril, donde Concha y Toro renovará su directorio con siete candidatos para siete asientos. Los accionistas controladores decidieron repostular a cinco de sus seis directores actuales, mientras que las administradoras de fondos de pensiones (AFP), que históricamente han tenido un rol activo en la gobernanza de la compañía, también ajustan su representación.
Aunque Alfonso Larraín deja la mesa, la familia seguirá presente en la conducción. Su hijo, Felipe Larraín Vial, se repostula al directorio, donde ejerce como vicepresidente desde 2025. Felipe Larraín fue gerente general de Viña Almaviva entre 1989 y 2019 y actualmente ocupa, además, cargos como director de Frutícola Viconto, Viñedos Emiliana y la propia Viña Almaviva, lo que refuerza el peso del apellido Larraín en el ecosistema vitivinícola chileno y regional.
Por el lado de los controladores, además de la repostulación de Rafael Guilisasti y Felipe Larraín, vuelven a presentarse como candidatos Pablo Guilisasti Gana, Rafael Marín Jordán y Blanca Bustamante Bravo. También se postula nuevamente Janet Awad, ejecutiva que hasta ahora ocupaba un asiento del directorio como representante de las AFP, pero que en esta oportunidad es respaldada directamente por el grupo controlador, señal de continuidad y confianza en su aporte.
La familia Guilisasti mantiene, además, el control ejecutivo a través de Eduardo Guilisasti, gerente general de Concha y Toro desde 1989, cuando reemplazó precisamente a Alfonso Larraín en la administración de la viña. Esa continuidad de más de tres décadas en la gerencia general ha sido uno de los pilares de la estrategia de crecimiento de la empresa, que se expandió a múltiples mercados y consolidó marcas con fuerte presencia en góndolas de toda la región.
Las AFP, por su parte, proponen a una nueva representante independiente: Sandra Porcile, ingeniera civil industrial química de la Universidad Católica. Porcile fue directora, también en representación de las AFP, en Ripley hasta 2025 durante cinco años, y hoy integra el directorio de Protteina Foods; antes trabajó en Cencosud y fue CEO de Nike en Chile y Bolivia, un perfil que suma experiencia en consumo masivo, retail y gestión corporativa.
Con esta nominación, las AFP buscan mantener su influencia en la mesa de Concha y Toro, pero ajustando nombres y participación accionaria. En 2023, las administradoras tenían el 12,84% de las acciones de la viña; a febrero de 2026, su posición bajó a 8,07%, equivalente a una inversión de aproximadamente U$S 67 millones. Aun con esa reducción, los fondos siguen siendo un actor relevante en el gobierno corporativo de la compañía.
La nueva composición proyectada del directorio deja a Concha y Toro con tres mujeres en un total de siete cargos, uno de los porcentajes de participación femenina más altos entre las grandes empresas chilenas. La permanencia de Janet Awad, sumada al ingreso de Sandra Porcile y a la presencia de Blanca Bustamante, refuerza una tendencia que se observa con atención en los mercados de capitales de la región: la presión por mayor diversidad en las mesas donde se toman decisiones estratégicas.
Para la industria del vino de Chile y de los países vecinos, el retiro de Alfonso Larraín Santa María marca el fin de un ciclo en la gobernanza de uno de los grupos que ayudó a abrir puertas en el exterior y a posicionar el vino sudamericano en las cartas del mundo. Al mismo tiempo, la continuidad de las familias controladoras, la presencia activa de las AFP y el avance en diversidad de género en el directorio muestran que Concha y Toro entra en una nueva etapa, con los desafíos de seguir creciendo en mercados cada vez más competitivos sin perder el legado de quienes construyeron su expansión global.