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Después de la exitosa experiencia con el Saint Felicien Rosé, los de Catena salen a conquistar el desarrollado mercado brasileño de vinos rosados con la producción exclusiva del primer Catena Zapata rosado, un producto a base del malbec de Agrelo diseñado especialmente para competir en el segmento alto (más de 30 dólares) de las góndolas paulistas y cariocas.

La bodega Catena Zapata se destaca por la calidad de sus tintos, elaborados principalmente con malbec y los blancos con chardonnay dicen los medios especializados en Brasil y acertadamente cuentan que más allá que es una bodega de referencia de los vinos argentinos, aún no contaba con un rosado con su marca, incluso con el creciente éxito de esta categoría en los últimos años donde la importación de rosado creció un 45% el año pasado en 2020 y la tendencia seguirá en alza según los datos de la consultora de mercados Ideal Consulting.

Finalmente Catena se anima a ponerle su nombre a un rosado, por ahora solo para los ojos de los consumidores de Brasil.

Lo interesante es que la primera Catena Rosé se lanza ahora gracias a una solicitud de Brasil. “Les encargué el vino, para ayudarnos con las ventas”, dice Ciro Lilla, propietario de la importadora Mistral.

No es la primera vez que Lilla se da cuenta de un hueco de mercado y pide un vino especial para una de las bodegas de su cartera. ya lo hizo con el Cisplatino, de la bodega uruguaya Pisano, de la zona de Progreso en el Departamento de Canelones, a la que le encomendaron un blend con preponderancia del típico Tannat (la uva insignia uruguaya) con 10% de Merlot que le termina de dar el carácter internacional necesario para las góndolas paulistas.

Según cuenta el el importador y distribuidor brasileño, la diferencia con el pedido que le hicieron a los de Catena fue que esta vez coincidieron con el deseo de los enólogos que contaron que “llevábamos diez añadas elaborando rosado, probando los viñedos, las regiones y la forma de elaboración del vino”, explicó el enólogo Nesti Bajda, de Catena Zapata.

Así, cuando el departamento comercial solicitó el producto para Brasil, la bodega argentina ya tenía el rosado listo para presentar, lo que convirtió a Brasil en el primero en contar con un rosado de Catena Zapata cuentan orgullosos los expertos del vino brasileños.

De la mano de los mismos hacedores, afrancesado y muy exitoso.

Claro, la misma bodega ya tenía una experiencia de éxito anterior, cuando el célebre Alejandro Vigil junto a Nesti Bajda, ambos ingenieros agrónomos y enólogos de Catena Zapata, presentaron en 2018 el ya famoso Saint Felicien Rosé -55% Grenache, 30% Syrah y 15% Malbec-, producto premium realizado con uvas procedentes del viñedo “La Antonia”en Rivadavia, Mendoza Este, “La Pirámide” en Agrelo, Luján de Cuyo y “La Libertad”, Rivadavia, Mendoza Este. Un producto artesanal -apenas 8.000 botellas- en homenaje a un corte típico francés que en la versión argentina reemplaza el Mourvedre por el Malbec.

El de Saint Felicien, una bodega de Catena, es un producto para entusiasmar a cualquiera y seguramente conquistó automáticamente a los brasileños que no dudaron en encargar un producto exclusivo como el Catena Rosé que Mistral importó con un primer lote, un contenedor de vino, con 10 mil botellas, que se vende a 184 reales la botella (unos 32 dólares). “Ahora hay más países que piden rosado a Catena”, dice Ken Silvério, especialista en mercados clave de Catena Zapata.

El preferido de los brasileños, de baja graduación, apenas 11%, el Mateus Rose está elaborado en Portugal con uva Baga, Bastardo, Touriga Nacional y Tinta Roriz.

Por el precio, Catena Rosé se sube a la ola mundial de los vinos rosados pero en Brasil no tendrá ninguna oportunidad de competir en el mercado con Mateus Rosé, una popular etiqueta de Portugal que por lejos es el vino rosado más vendido en el mercado brasileño, con un precio promedio de 40 reales (unos 7 dólares).

Varias son las razones que explican el éxito actual de este estilo de vino y lo explica muy bien Thiago Mendes, fundador de la escuela Enocultura que cuenta que los vinos siguen ciclos, que cambian con el tiempo y con la llegada de nuevas generaciones de consumidores que cierra su comentario contando sin vueltas que “hubo un tiempo de tintos concentrados, blancos con madera y ahora estamos en una fase de rosados”.

También hay un avance en las técnicas de elaboración del vino. En el pasado, los vinos rosados ​​se elaboraban como subproducto de los tintos, cuando las bodegas se concentraban más en sus vinos insignia que en subproductos de menor valor como eran los rosados.

Actualmente, los rosados ​​se planifican desde el viñedo, con la uva recolectada en la maduración ideal para este estilo. En Catena, por ejemplo, el malbec que dará lugar al rosado se cosecha de manera planificada dos semanas antes que las uvas con las que se elaboran los tintos.

Además, en los principales mercados como el estadounidense y el europeo los rosados ​​resultan atractivos para diversos perfiles de consumidores debido a la multitud de tonalidades de rosados ​​y tintos, que, a diferencia de los blancos y tintos, destacan en las estanterías. Son vinos de diferente complejidad, que atraen a públicos diversos. 

En Brasil, donde los rosados no son auspiciados por superstrellas el atractivo tiene que ver con el clima, los rosados tienen un mayor potencial para combinar con recetas que se adaptan a las cálidas temperaturas tropicales.

En el caso de Catena Rosé, el rosado se elabora con un 90% de malbec, procedente de los viñedos de Agrelo, donde se encuentra la famosa la muy popular Pirámide, la bodega de inspiración Inca de Catena, punto turístico obligado para todos los turistas brasileños que hacen enoturismo en la Argentina.

En los primeros experimentos, dice Bajda, el vino era un rosado más oscuro, con mayor extracción de color, que proviene de la piel de la uva. Con el tiempo, el equipo de enología empezó a probar un rosado más fresco, sin tanto contacto entre la piel y la pulpa, que le da el color al vino.

La forma fue seleccionar uvas de viñedos con un clima más frío, para obtener uvas más frescas, y también cosechar antes, aproximadamente 15 antes del punto óptimo de maduración para un vino tinto. Y así, con los avances año tras año, el rosado de Catena ganó su estilo. “Pero queríamos hacer nuestro propio rosado, también gastronómico”, dice el enólogo.

La forma fue realizar una breve maceración carbónica, con piel y pulpa juntas durante seis horas después del prensado, y una maduración del vino durante cuatro meses en barrica de roble. Para la maduración de Angélica Zapata se eligieron las barricas ya utilizadas en cosechas anteriores.

Pero el secreto de este vino radica en la co-fermentación cuentan su hacedores. Se agrega Malbec con un 5% de syrah y un 5% de garnacha. Las tres uvas se prensan juntas y se procede a la fermentación en acero inoxidable. Lo común es que las uvas fermenten por separado. Y, en un siguiente paso, los enólogos definen el montaje final.

“La mezcla aporta química, uniendo las propiedades de los vinos. En la cofermentación tenemos química, pero también física, presión y temperatura de fermentación de la uva, y biología, porque las bacterias y las levaduras también forman parte del proceso”, explica Bajda, de forma más técnica.

Con la propuesta del malbec definida, el desafío final fue presentarla a Nicolás Catena, el representante de la tercera generación de la familia que decidió, en la década de los 80, apostar por la calidad de los vinos argentinos. “Uno de sus primeros comentarios fue que era un rosado para acompañar la comida”, recuerda Bajda. Se dio el aval para el rosado.


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