La Copa del Mundo 2026, con 48 selecciones y 104 partidos en tres de los mayores mercados cerveceros del mundo, promete sumar 1.000 millones de pintas a la demanda global. Un respiro para un sector presionado por la caída estructural del consumo y la inflación de costos.
La industria cervecera global, golpeada por la inflación de costos, el menor gasto de los hogares y un cambio de hábitos hacia opciones más saludables, se prepara para algo que no veía hace años: un catalizador masivo y medible de consumo. De acuerdo con un estudio de Jefferies, la Copa del Mundo 2026 agregará alrededor de 1.000 millones de pintas de cerveza al consumo global, el equivalente a 5,9 millones de hectolitros o unos 568 millones de litros.
El cálculo surge de extrapolar los datos de consumo de las últimas seis ediciones del torneo y aplicarlos a un Mundial inédito: 48 equipos, 104 partidos y 39 días de competencia, frente a las tradicionales 32 selecciones y 64 encuentros. En términos de negocio, Jefferies estima que el evento implicará un incremento de 3% en volúmenes durante el torneo y un uplift anual de 0,3%, traducido en ese extra de mil millones de pintas.
La geografía también juega a favor del sector. El Mundial 2026 se disputará en Estados Unidos, Canadá y México, tres mercados donde la cerveza tiene un peso cultural y comercial clave, y que son, además, plazas estratégicas para los grandes grupos globales. Los analistas proyectan que el torneo aportará entre 0,2% y 0,3% de crecimiento adicional en volúmenes para el conjunto de la industria en el año.
“El timing de los partidos es el héroe anónimo”
Más allá del volumen, el informe de Jefferies subraya un factor que los cerveceros siguen de cerca: la programación horaria. El analista Ed Mundy sostiene que el “timing de los partidos es el héroe anónimo del consumo de cerveza en los Mundiales”, porque en 2026 los encuentros de Europa y América se jugarán mayoritariamente entre las 17 y las 23 horas locales, coincidiendo con las franjas de mayor consumo en bares, hogares y eventos.
No es un detalle menor: Europa y el continente americano concentran alrededor del 55% de los volúmenes globales de cerveza y, al mismo tiempo, son el hogar de selecciones candidatas, países anfitriones y mercados donde las activaciones de marca pueden escalar rápido. La combinación de horarios convenientes y equipos con alta expectativa competitiva es el escenario soñado para llenar pintas… y balances.
AB InBev, Heineken y Carlsberg: quién gana más
Entre los grandes jugadores, AB InBev aparece como el principal beneficiado. El grupo, dueño de marcas como Corona, Budweiser y Stella Artois, no solo tiene una fuerte presencia en los países anfitriones, sino que además es sponsor oficial del Mundial 2026, tras renovar una relación con FIFA que supera las cuatro décadas.
“Es el Mundial más grande de la historia… la expectativa es gigantesca”, afirmó Marcel Marcondes, Chief Marketing Officer de AB InBev, al presentar la estrategia de la compañía para el torneo. La cervecera profundizará una táctica que ya ensayó en ediciones previas: usar el evento como plataforma de marketing global, combinando presencia en estadios, fan zones, empaques conmemorativos y campañas digitales.
Jefferies calcula que, ajustando la exposición por país, Heineken obtendría un uplift anual de 0,27% en volúmenes, gracias a su fuerza en Europa y Latinoamérica, mientras que Carlsberg, con menor exposición a América, capturaría solo un 0,15% adicional.
La comparación con el Mundial de Qatar 2022 es elocuente. Allí, una decisión de último momento prohibió la venta de cerveza en los estadios, obligando a Budweiser a lanzar la campaña “Bring Home the Bud” y enviar la cerveza no vendida al país campeón. Para 2026, el plan es el inverso: AB InBev mantendrá flexibilidad logística para mover stock entre países según el desempeño de cada selección.
“Vamos a tener contenedores llenos de Budweiser siendo enviados a los países ganadores”, adelantó Marcondes, consciente de que el patrón de consumo variará drásticamente según quién llegue más lejos en el torneo.
El riesgo del exceso (o la falta) de inventario
El Mundial también expone un riesgo operativo: no se puede saber qué equipos seguirán en carrera al momento de despachar el inventario. La analista de Morgan Stanley Sarah Simon advierte que, si una selección se despide antes de lo previsto, las compañías pueden quedar con un exceso de stock; si, por el contrario, un equipo “sorpresa” llega a instancias finales, se corre el riesgo de desabastecimiento en ese mercado.
En un contexto de costos logísticos elevados y cadenas de suministro tensas, la capacidad de reubicar producto en cuestión de días —y no semanas— será un diferencial competitivo. Para los gigantes globales, con plantas en Norteamérica y redes de distribución integradas, la tarea es compleja pero manejable; para cerveceros regionales o artesanales, el margen de maniobra es mucho menor.
Un verano dorado para un sector bajo presión
El Mundial llega en un momento delicado para la categoría. Según datos de IWSR, los volúmenes globales de cerveza cayeron 1% en 2025, arrastrados sobre todo por la debilidad del consumo en Estados Unidos y Brasil. Aunque el valor total se sostuvo gracias a la premiumización y a los aumentos de precio, la tendencia de fondo preocupa: consumidores más conscientes de la salud, rotación hacia espirituosas, vino o ready-to-drink y una relación más moderada con el alcohol entre los más jóvenes.
La respuesta estratégica de los grandes jugadores siguió tres ejes:
- Diversificación hacia cervezas sin y de bajo alcohol, un segmento que creció 8% en 2025, frente a un descenso de 1% del total cerveza.
- Apuestas por el segmento premium y súper premium, aunque en 2025 ese subgrupo también sufrió una caída de 2% en volumen tras cuatro años de crecimiento.
- Mayor foco en la “economía de la experiencia”, donde eventos globales como la Copa del Mundo, los Juegos Olímpicos o grandes festivales se convierten en escenarios privilegiados para conectar con consumidores dispuestos a gastar más por ocasión.
En este último punto, AB InBev lleva la delantera. Además de su apuesta por el Mundial, reforzó su presencia en otros torneos FIFA, la Copa del Mundo femenina y competiciones continentales, con una tesis clara: si el consumo per cápita estructuralmente baja, habrá que capturar el máximo valor posible en los momentos de alta intensidad emocional.