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Como nunca antes en la historia modera de ningún país, los consumidores rusos de cerveza despiden al gigante cervecero Heineken que anunció que planea vender su negocio en Rusia, afirmando que “ya no es sostenible ni viable en el entorno actual”.

La empresa cervecera holandesa, que hace apenas unos días anunció sus planes de detener nuevas inversiones y exportaciones a Rusia, salió a difundir públicamente ayer que ha puesto fin a la producción, venta y publicidad de la marca Heineken y no aceptará ningún beneficio financiero neto ni ganancia de su negocio en Rusia.

“Estamos conmocionados y profundamente entristecidos al ver que la guerra en Ucrania continúa desarrollándose e intensificándose” dijeron desde la compañía en un comunicado, explicando que “como resultado, hemos decidido abandonar Rusia”.

¿Lo próximo por hacer? Ahora solo le queda quitarse la cada vez más incómoda estrella roja. Si, posiblemente muy estúpido.

Más allá de la presión de los consumidores -en las calles y en las redes sociales- y gobiernos, Heineken mantendrá algunas pocas operaciones limitadas en Rusia por temor a que el presidente ruso, Vladimir Putin, pueda intentar nacionalizar el negocio y los bienes de la compañía en represalia por la medida.

“Nuestro objetivo es una transferencia ordenada de nuestro negocio a un nuevo propietario en pleno cumplimiento de las leyes internacionales y locales. 

Para garantizar la seguridad y el bienestar continuos de nuestros empleados y minimizar el riesgo de nacionalización, concluimos que es esencial que continuemos con las operaciones recientemente reducidas durante este período de transición”, agregó la compañía.

Heineken ha asegurado que bajo cualquier circunstancia garantizará que los salarios de sus 1.800 empleados se pagarán hasta finales de 2022 y hará todo lo posible para salvaguardar su futuro laboral.

Además, Heineken destacó que no se beneficiará de ninguna transferencia de propiedad y espera un deterioro y otros cargos excepcionales no monetarios de aproximadamente 400 millones de euros en total.

Al finalizar la transferencia, concluyó que Heineken ya no tendrá presencia en Rusia.

“Seguimos esperando que surja un camino hacia un resultado pacífico en el corto plazo”, insistieron desde la compañía.

Heineken es posiblemente la última empresa internacional de bebidas que ha mostrado su firme punto de vista contra la invasión rusa de Ucrania.

Como se informó en el diario estadounidense NY Post  “más de 400 empresas occidentales ya se han ido de Rusia por la guerra de Ucrania y muchas de ellas citan dificultades operativas o una objeción moral a la guerra como catalizador de sus decisiones”.


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