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Una apuesta arriesgada de los productores de Nueva Zelanda, desde 1970 la uva cambió la suerte de las bodegas del país e introdujo en el mundo un estilo de vino simple, duradero y, en este 2021, con una alta demanda. La industria del sauvignon blanc kiwi hoy vale cerca de 1.000 millones de dólares.

La producción de vino de Nueva Zelanda representa poco más del 1% del total mundial. Curiosamente, esta cepa poco apreciada, no tan conocida, el Sauvignon Blanc, logró que hace apenas unos pocos meses, los productores de vino neocelandeses tuvieran que avisar al mundo que este año no iban a poder cumplir con la alta demanda, si, la de este vino proveniente de una nación formada por dos grandes islas y que hasta hace poco solo eran conocidas por el rugby y por una curiosa fruta y un particular animalito conocidos como kiwi.

Hoy, en 2021, el sauvignon blanc representa al 70% de la producción total de vino del país. Casi toda su producción se exporta a todo el mundo. A estos vinos se lo valoran por su pureza y fruta tropical y por ser menos austeros que los de las cepas equivalentes del Valle de Loira francés. El sauvignon blanc de estas islas es un vino atrevido y extravagante, con notas de maracuyá, kiwi, grosella y guayaba. Es generoso pero posiblemente menos intrigante que algunos ejemplares de Sancerre. En otras palabras, es un vino que se puede disfrutar plenamente sin necesidad de tener demasiados conocimientos sobre vino. Ideal para dejarse disfrutar.

A partir de que el mundo comienza a conocer el contenido de estas botellas, las exportaciones de vino de Nueva Zelanda no paran de crecer desde hace 23 años y de allí que el sauvignon blanc hoy representa el 86% de la industria vitivinícola kiwi que hoy vale más de 1.160 millones de dólares. De allí que el conglomerado de empresas de lujo LVMH adquirió Cloudy Bay en 2013. Después que lo hiciera Pernod Ricard en 2010 cuando compró Montana Wines y al poco tiempo la rebautizó como Brancott Estate.

Claro, esos grandes jugadores entraron en la edad madura del sauvignon blanc neocelandes, antes que ellos hubo otros a los que las cosas no les resultaron nada fáciles, al contrario, no solo tuvieron que tener visión, sino además, sin duda, mucha suerte, claro, con la ayuda de mucho trabajo, de generación en generación.

La verdadera historia de esta cepa en Nueva Zelanda empezó hace ya más de 50 años, a principios de la década de 1970, cuando el granjero Frank Yukich viajó a una zona rural de la Isla Sur de Nueva Zelanda y compró en secreto unas tierras. Convencido de su potencial, hipotecó su casa para encontrar el depósito del 10% necesario para el precio de 1,4 millones de dólares neozelandeses (966.000 dólares hoy). 

Yukich no estaba solo, el hombre confió en su suerte siguiendo el consejo del vitivinicultor Wayne Thomas, quien estaba convencido de que en poco tiempo demostraría que el clima y los suelos de la zona de Marlborough se convertirían en una región ideal para desarrollar vides y muy buenos vinos.

Frank Yukich de Montana Wines coloca una moneda de plata en un hoyo en el que se va a plantar una vid, en 1973. Yukich desató la era contemporánea de los viñedos y la elaboración del vino en Marlborough cuando compró tierras para viñedos en la década de 1970.

Sin embargo, en ese momento, la idea de estos viñateros era poco menos que una loca idea. El ejemplo de Montana Wines fue, comparativamente, una operación enorme y exitosa en Nueva Zelanda. Para financiar la operación, Montana había atraído inversores externos como la multinacional Seagram que siempre estaba en la búsqueda de fuertes rendimientos financieros. Y claro, cuando Yukich le contó a la junta directiva sobre su nueva compra en Marlborough, los ejecutivos, apelando a la lógica pura, se negaron a financiarla.

La situación se tornó compleja, era claro que Yukich corría serio riesgo de perder su casa.

Pero Thomas acudió en su ayuda. Habiendo escrito un informe sobre las perspectivas de la vitivinicultura en Marlboroughpidió a varios profesores del vino de la Universidad de California Davis que ratificaran sus hallazgos. Le dieron el visto bueno. Ante la aprobación de los expertos, la junta se echó atrás, Yukich recuperó sus viñedos y su depósito y, casi inmediatamente, comenzó la siembra. 

Todo lo que vino después en Nueva Zelanda, cambió el mundo del vino para siempre. 

Frente a los escépticos

No queriendo perder una oportunidad de obtener un poco de prensa, Yukich hizo un gran alboroto por toda la región de viñedos vírgenes y buscó a los más importantes e influyentes hombres del vino de Nueva Zelanda. Antes de que la primera vid fuera enterrada en la tierra, una pequeña multitud se acercó a observar como Yukich colocaba una moneda de plata en el pozo justo antes de decir que “los vinos de aquí se harán mundialmente famosos”. Claro, todos los granjeros y curiosos de la zona, lo dejaron hablar a este curioso tipo que, literalmente, estaba tirando su dinero en un pozo en el medio de la nada. Si, eso les pareció a la mayoría de los espectadores presentes ese día. 

Al principio, se demostró que los escépticos tenían razón. En 1973 se plantaron alrededor de 750.000 vides. Según registros escritos a mano, las cuatro variedades que marcaron el debut en el cultivo de la uva moderna de Marlborough fueron Müller-Thurgau, conocida localmente como Riesling Sylvaner, Gamay y Bilo Nova -puede haber sido Chambourcin o también puede que haya sido un error tipográfico-, así como una variedad totalmente inadecuada para un clima fresco, el Cabernet Sauvignon. En poco tiempo, apenas en el primer año, una intensa sequía de verano significó que la mayoría de las vides murieran de sed. 

Casi sin inmutarse, al año siguiente, el tozudo Yukich volvió a intentar otra siembra. Esta vez plantó una gama más diversa de variedades, incluidas varias uvas que típicamente prefieren un clima más cálido que el de Marlborough, incluidas Pinotage, Merlot y Palomino, así como varias variedades híbridas, el equivalente en la vid a algo así como ciudadanos de segunda clase. El resultado no pudo ser distinto, el fracaso fueron inevitables. 

su visión siguió intacta. En 1975, en los suelos pedregosos de Marlborough, plantó las primeras plantas de sauvignon blanc. Esta vez si, cuatro años después, las primeras botellas de Sauvignon Blanc salieron de la línea de embotellado.

Impacto masivo

Una década después de que echaran raíces las primeras plantas de Sauvignon, Nueva Zelanda estaba haciendo olas en el extranjero con su estilo naturalmente extravagante y, como era de esperarse, otros enólogos se estaban mudando a la zona de Marlborough. Uno de ellos, el enólogo David Hohnen, en 1985 fundó la hoy famosa Cloudy Bay.

Fue Sam Weaver, fundador de la bodega orgánica Churton, quien trabajaba para un comerciante de vinos en Londres, entonces a la vanguardia del mundo del vino fino internacional, el encargado de hacer llegar a Londres a las primeras botellas de Cloudy Bay. 

“Recuerdo claramente los primeros Marlborough Sauvignon Blancs”, dice Weaver. “Los vinos eran interesantes pero más una curiosidad que cualquier otra cosa”. Pero luego vino Cloudy Bay. “Fue asombroso y completamente diferente a cualquier otro vino que hubiera probado con exuberancia e intensidad aromática”. De repente, Marlborough estaba en el mapa y las bodegas de Nueva Zelanda estaban vendiendo su Sauvignon Blanc al mundo.

El escritor de vinos británico, Robert Joseph, entonces editor de la revista Wine International, cuenta en un artículo que “en cinco años fueron considerados los mejores del mundo”.

Hoy, más de 40 años después de que se plantaron las primeras vides, la historia de éxito de Marlborough no muestra signos de decaer. Su estilo fresco, afrutado y extravagante lo convierte en un refresco nítido y distintivo. El hecho de que esos vinos estén hechos en un país aparentemente virgen y que sus tierras estén en los confines de la tierra, posiblemente sean parte de su éxito. 

No solo eso, sino que su éxito empujó a los enólogos tradicionales del Viejo Mundo en nuevas direcciones. “A finales de la década de 1990, los enólogos voladores de Australia y Nueva Zelanda llevaron las técnicas de Nueva Zelanda a otros países”, dice Joseph. “Y en 2000, Henri Bourgeois cambió las cosas al ser un productor del Loira que invirtió en Marlborough y comenzó a hacer vino allí”.

En cuanto al propio Yukich, sin embargo, renunció a la compañía en 1977. La compañía que fundó su padre en la década de 1930 crecería y cambiaría de manos, y terminaría como parte de la estiba de los franceses de Pernod Ricard junto a Champagne Mumm, Jacob’s Creek y una gran cantidad de otros vinos y spirits. 

La historia no termina ahí. La creciente popularidad del Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda en los EE.UU. significó un cambio de nombre en las cartas para evitar cualquier confusión con el estado de Montana, y la compañía se convirtió en Brancott Estate, en un guiño al viñedo original plantado en 1973. Y si, hay que recordarlo, Yukich tenía razón: los vinos de esas islas, esos de Marlborough, se hicieron mundialmente famosos.

10 Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda para tener en cuenta

Una selección del vino y la cepa que le dieron a Nueva Zelanda un lugar en el mundo.

Nautilus Sauvignon Blanc Marlborough 2019
Entre 15 y 16 dólares.

Villa Maria Sauvignon Blanc Marlborough Reserve Clifford Bay 2018
16 dólares

Te Whare Ra Sauvignon Blanc Marlborough 2018
16 dólares

Clos Henri Sauvignon Blanc Marlborough 2018
20 dólares

Main Divide Sauvignon Blanc Waipara Valley 2019
11 dólares

Dog Point Sauvignon Blanc Marlborough 2018
Entre 17 y 21 dólares

Craggy Range Sauvignon Blanc Martinborough Te Muna Road Vineyard 2019
Entre 19 y 22 dólares

Neudorf Sauvignon Blanc Nelson 2017
19 dólares

Ata Rangi Sauvignon Blanc Martinborough Raranga 2018
20 dólares

Greywacke Sauvignon Blanc Marlborough 2018
21 dólares


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