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Más allá de si las acusaciones estén fundamentadas -China acusa a Australia de competencia desleal en el mercado del vino desde hace meses-, no hay dudas que la posición dominante de China se hace sentir desde cada acción o autoridad de su gobierno. Con Australia tiene una larga tradición de desencantos no solo políticos sino principalmente comerciales. ¿Una guerra sin fin?.

China impondrá aranceles de hasta el 212,1 % a las importaciones de vino australiano a partir de este sábado como parte de unas medidas temporales contra una supuesta competencia desleal (“dumping”), informó hoy el Ministerio de Comercio del país asiático.

En un comunicado publicado hoy en su página web, el Ministerio de Comercio de China indicó que una investigación sobre esta presunta venta a pérdida por parte de los exportadores australianos ha concluido, de manera preliminar, que “existe competencia desleal en vinos importados procedentes de Australia”.

Una guerra comercial que no deja dudas sobre cuáles son las verdaderas razones e intereses que la motivan.

Según la fuente, “hay una relación causal entre la venta a pérdida y los daños materiales (en la industria local), y se ha decidido poner en marcha medidas temporales contra la competencia desleal sobre los citados productos” en forma aranceles que van desde el 107,1 % al 212,1 %.

Esta investigación -indica el Ministerio de Comercio de China- se realizó a solicitud de la industria viñatera local y comenzó el pasado mes de agosto.

En Australia niegan subsidios al vino

Por su parte, el ministro australiano de Agricultura, David Littleproud, expresó “su profunda decepción” por la decisión de las autoridades chinas y “rechaza categóricamente” que el país oceánico subsidie la producción de vino.

“La decisión (de China) es una medida muy preocupante y contra la que Australia luchará de manera enérgica (…). No existen ni base ni pruebas para sostener esas alegaciones”, apuntó en un comunicado Littleproud.

La imposición de aranceles contra el vino australiano es un paso más de la política impositiva que el país asiático viene desarrollando desde hace meses contra los productos de la nación oceánica.

Además del vino, Pekín ya elevó los impuestos de importación a la cebada australiana por los mismos argumentos, y Camberra investiga si existe además un presunto boicot por parte de China a varias exportaciones, entre ellas al carbón, la langosta o el cobre.

Australia, por su lado, ha puesto en marcha en los últimos años una serie de leyes y medidas para evitar la intromisión política extranjera, sin mencionar directamente a China, lo que ha enfurecido a Pekín.

China es el principal socio comercial de Australia, cuyo intercambio bilateral fue de 235.000 millones de dólares australianos (153.591 millones dólares estadounidenses o 141.615 millones de euros) en el año financiero 2018-19.

La relación entre ambos países se ha ido deteriorando por cuestiones como la militarización del gigante asiático o la aprobación en Australia de leyes contra la injerencia y el espionaje extranjero, tras destaparse casos de donaciones chinas a políticos y de ciberataques a organismos del Estado y universidades atribuidos a Pekín.

Además, el pasado mes de septiembre, Australia evacuó a los últimos dos corresponsales acreditados de medios australianos que quedaban en China por temor a que fueran detenidos de manera arbitraria, tras haber sido interrogados por funcionarios del Ministerio del Interior.

Agencia EFE


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