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Sólo Francia, España e Italia superan a Chile en el ránking mundial de países exportadores de vino embotellado. La previsibilidad financiera y la gestión de Wines of Chile grandes protagonistas del éxito chileno. El cambio climático y la administración y control del agua, los grandes desafíos del futuro de la vid.

Según el reporte de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), en 2019 el mercado mundial de vino alcanzó los 105,8 millones de hectolitros, superior en 1,7% en relación con el año anterior, por un monto total de 31.800 millones de euros (0,9% superior al valor total exportado en 2018). El 53% del volumen de vino y el 69% del valor corresponden a vinos embotellados, donde los principales países exportadores son Italia, Francia, España, Chile y Australia.

El año 2019 las exportaciones de vino embotellado de Chile llegaron a los 444 millones de litros por un monto total de 1.444,9 millones de dólares, con un crecimiento total de 228% en volumen y 238% en valor los últimos 20 años, informaron en el Análisis a las exportaciones de Vino Embotellado realizado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) del ministerio de Agricultura.

Desde el año 2000 a la fecha, las exportaciones de vino embotellado de Chile pasaron de 150,3 millones de litros el año 2000 a 444 millones de litros el año 2019, lo que representa una tasa de crecimiento promedio de 5,9% anual. En términos de valor estas exportaciones pasaron de 434,6 millones de dólares el año 2000 a 1.445 millones de dólares el año 2019, con una tasa de crecimiento promedio anual de 6,5%.

Por su parte, el precio del vino embotellado creció 12,6% en este mismo periodo, con una tasa de variación anual de 0,6%, presentando su mayor valor en el año 2014, con 3,44 dólares por litro.

Entre el año 2000 y el año 2010 se observó un fuerte crecimiento de las exportaciones, tanto en valor como en volumen, con una tasa promedio anual de 10%, luego, entre el año 2010 y 2015 este crecimiento se hizo más lento, pasando a tasas promedio de crecimiento anual de 3% – 4%. En el periodo entre 2015 y 2019 el crecimiento se volvió mucho mas lento, con tasas de crecimiento promedio anual menores al 1%.

Principales destinos del vino chileno

Más allá que no es ninguna novedad, los destinos más importantes de las marcas chilenas son China, Estado Unidos y Reino Unido pero la sorpresa para los analistas es que estén encabezados por Brasil, un país que vive una crisis económica y que, por si fuera poco, fue muy afectado por la pandemia durante el 2020.

Claro, ese liderazgo en la preferencia en los envíos de vino embotellado a Brasil se puede comprender por el aumento de las exportaciones totales de vino pasando de 30,6 millones de litros el año 2012 a 52,1 millones de litros el año 2019. En términos de valor la variación fue de 54,3%, llegando casi a 145 millones de dólares el año 2019, un gran trabajo del ente público privado Wines of Chile.

Lo de China fue exponencial. Los envíos hacia Oriente han tenido un crecimiento tanto en valor como en volumen. El año 2012 se exportaron 19,8 millones de litros por un valor de 79,5 millones de dólares, creciendo a 68,9 millones de litros por un valor total de 247,4 millones de dólares al año 2019.

Por otra parte, los envíos de vino a Estados Unidos desde el año 2012 a la fecha muestran un leve retroceso, pasando de 155,9 millones de dólares el año 2012 a 113,3 millones de dólares el 2019, lo que representa una disminución de 27,3% en el periodo. En volumen pasaron de 40,1 millones de litros a 30,4 millones de litros, lo que representa una disminución de 24,3%. El precio medio de estas exportaciones experimenta una leve disminución en el periodo llegando a 3,7 dólares por litro el año 2019.

Finalmente, las exportaciones de vino embotellado al Reino Unido se observa una disminución de las exportaciones totales en volumen y una fuerte baja en valor pasando de 79,2 millones de litros el año 2012 a 48,2 millones de litros el año 2019. En términos de valor la variación fue de -34,4%, llegando a 132,4 millones de dólares el año 2019.

Próximos desafíos

El cambio climático, la sequía y el agua, es uno de los grandes desafíos de la vitivinicultura en todo el mundo. Aunque expertos y viñateros consideran que el efecto en Chile será menor más allá de la reciente sequía muchos consideran que los efectos no serán tan graves ya que se va a acumular menos nieve en la cordillera pero, de acuerdo a climatólogos las lluvias ya comenzaron a ser mayores en ambos lados de la cordillera de Los Andes.

De acuerdo a esos estudios va a correr más agua hacia el océano Pacífico y será muy importante el desarrollo de proyectos de control del agua a través de embalses. Es aquí donde se verá la pericia y la gestión del Gobierno de Chile que deberá aportar los fondos necesarios para desarrollar proyectos para construir infraestructura de riego.

La presión de ecologistas y productores de manera conjunta son un factor fundamental para destrabar una Ley que supera a los gobiernos. ¿Podrá Piñera?

Cerca del 80% del agua producida por nieve y lluvias se va al océano Pacífico sin poder ser aprovechada por la tierra productiva chilena. El desafío de las próximas décadas será cómo acumular esa agua a través de embalses y otros proyectos que hoy están en estudio para evitar que ese bien tan vital y cada vez más importante para la economía mundial no termine sin ser aprovechada en el inmenso mar.

El actual gobierno de Sebastián Piñera sigue demorando una reforma al Código de Aguas, principal rector de la gestión hídrica en el país, para asegurar el usufructo de por vida de los actuales tenedores de derechos de agua, la figura con la que el Estado chileno otorga el agua a los privados, indicando que lo más relevante es otorgar certeza jurídica a los empresarios y agricultores para desarrollar sus actividades.

El gobierno anterior de Michelle Bachelet intentó con relativo éxito por 4 años modificar dicha figura en el parlamento pero sin avanzar eficazmente en ello, proponiendo un máximo de 30 años, renovables, para usar el agua. Sí se pudo instalar entre la opinión pública el concepto de derecho humano al agua y la necesidad de establecer una prioridad para el consumo humano, una especie de lucha de David contra Goliat entre pequeños agricultores y grandes mineras o agroindustrias, donde el poder adquisitivo y hasta político se señala como factor clave a la hora de conseguir la infraestructura adecuada para asegurar acceso al recurso hídrico.

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