Un informe dela consultora española Del Rey Analysts of Wine Markets revela que el mercado mundial se polariza: resisten los vinos premium y los productos populares, mientras se debilita la gama media. En Argentina, los Tetra Brik de Toro y Termidor reflejan el fenómeno con precios cercanos a 2.500 pesos.
El consumo de vino atraviesa una transformación profunda, tanto en Argentina como en el mundo. Mientras los productos premium y súper premium conservan capacidad de resistencia, los vinos de consumo masivo sostienen buena parte del volumen; en el medio, el segmento tradicional de gama media es el que más sufre la contracción de la demanda.
La conclusión surge de un informe de la consultora española Del Rey AWM, presentado durante la conferencia de la Asociación Europea de Economistas del Vino (Euawe), realizada entre el 8 y el 11 de junio de 2026 en Trieste, Italia, y Koper, Eslovenia. El trabajo vincula la creciente polarización del mercado con las diferencias en la evolución de los ingresos a escala global.
La clave del estudio es que el cambio no respondería solamente a una moda de vinos ligeros, dulces o de menor graduación alcohólica. La presión sobre el ingreso disponible de las clases medias tradicionales, especialmente en las economías desarrolladas, también está redefiniendo el mapa de consumo.
Del Rey AWM identifica dos extremos con mejor desempeño relativo. Por un lado, los vinos premium y súper premium, menos expuestos a la crisis por dirigirse a consumidores de mayores ingresos. En Francia, por ejemplo, los vinos de Borgoña vienen mostrando una evolución más firme que los de Burdeos, según la consultora.
Por otro lado, se sostienen los vinos “populares”, una categoría que no equivale necesariamente a productos baratos, sino a vinos cercanos, fáciles de entender y apreciados por el consumidor. Allí entran blancos, espumosos, vinos frescos y dulces, opciones de bajo o nulo alcohol, mostos parcialmente fermentados y cócteles a base de vino, como el spritz.
La tendencia también muestra una reconfiguración de preferencias: los blancos superan a los tintos, los espumosos avanzan sobre los tranquilos y el Prosecco italiano logra mejor comportamiento que el Cava español. El informe lo relaciona con nuevos hábitos de consumo, búsqueda de frescura, menor formalidad y mayor apertura a categorías híbridas e innovadoras.
Toro y Termidor, el caso argentino
En Argentina, la polarización se expresa con claridad en los vinos sin mención varietal comercializados mayormente en envase Tetra Brik. En lo que va de 2026, el 73,5% de los despachos al mercado interno corresponde a esta categoría, según datos citados del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
La marca más vendida es Toro, producida por Fecovita, seguida por Termidor, del Grupo Peñaflor. Ambas lideran ampliamente el segmento de vinos de mesa en cartón y, a agosto de 2026, sus precios rondan los $2.500 en supermercados.
Toro, en su versión Blend de Tintas, tiene 12,5° de alcohol. Fecovita fracciona y comercializa alrededor de 270 millones de litros anuales a través de todo su portafolio. Dentro de esa escala, Toro mueve aproximadamente 180 millones de litros por año, volumen equivalente a cerca del 30% del mercado vitivinícola argentino, de acuerdo con los datos relevados por Enolife.
Termidor, por su parte, ocupa de manera sostenida el segundo puesto del Top 3 de vinos de mesa en Tetra Brik, detrás de Toro y por delante de Uvita, la marca de Baggio. Fue pionera en el formato de vino en cartón en Argentina a comienzos de la década de 1980, y su respaldo dentro de Grupo Peñaflor le aporta alcance nacional y capacidad de distribución masiva.
El informe también señala que, frente a faltantes de vino tinto genérico a granel, Peñaflor llegó a importar millones de litros —principalmente desde Chile— para sostener la presencia de Termidor en las góndolas y responder a una demanda estable.
La gama media, bajo presión
El problema central aparece en el medio de la pirámide. Los vinos tradicionales de gama media, en especial tintos de regiones productoras consolidadas, son los más afectados por la caída de la demanda. La situación se vuelve más visible en países y regiones con costos altos, como Sudamérica, Europa y Estados Unidos.
Los segmentos populares y premium muestran fortaleza relativa, pero no alcanzan a compensar el retroceso de la franja media. El resultado es una contracción general del consumo de vino.
En Argentina, los despachos al mercado interno entre enero y febrero de 2026 sumaron 1.063.474 hectolitros, un descenso de 2,2% frente al mismo período del año anterior. En febrero, el volumen despachado fue de 504.918 hectolitros, con una baja interanual de 5,5%.
La lectura de Del Rey AWM obliga a las bodegas a revisar sus estrategias. Para competir en un mercado más polarizado, las empresas deberán elegir con precisión dónde jugar: reforzar sus propuestas de valor en vinos premium o desarrollar portfolios accesibles, frescos e innovadores para consumidores que priorizan precio, practicidad y una experiencia de consumo más directa.
El vino de gama media, históricamente el corazón comercial de muchas bodegas, queda así ante su mayor desafío: recuperar relevancia para una clase media global cuyo poder de compra ya no es el mismo.