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La industria láctea argentina vive en crisis desde hace varias décadas. La Serenísima pierde casi todos los años. Danone, a punto de irse del país. Cada año desaparecen más y más tambos. El año pasado superaron los 11.100 millones de litros de producción y se exportó por un volumen equivalente a 2.234 millones de litros (20,2% del total).

En cualquier otro país que no sea la Argentina, muy posiblemente los números del 2020 serían recibidos con una gran alegría y satisfacción. Claro, estos volúmenes, en producción y en exportaciones, son los más elevados desde la crisis de finales de 2015 pero si ese nivel de producción y crecimiento no se sostiene, la la industria láctea Argentina no será solo un año regular o malo, no, para muchos productores locales la crisis puede ser realmente terminal.

Una preocupación similar es la que se puede percibir luego de analizar el informe de la prestigiosa e influyente Fundación Mediterránea, presidida por María Pía Astori, titulado “Coyuntura de la Cadena Láctea: Aumentos de producción y exportaciones en el 2020 ¿Podrán sostenerse este año?”

La revalorización internacional de las commodities lácteas aumenta la capacidad de pago por la leche cruda del sector exportador. Bajo una serie de supuestos se estima cuál puede ser esta capacidad de pago en los próximos meses (se toman valores ROFEX para dólar futuro, se supone margen bruto industrial exportador estabilizado en el 30%, política comercial sin cambios, no intervención vía precios máximos, etc.).

Un interrogante clave del informe es si la producción podrá en el 2021 sostener el crecimiento mostrado en el año previo. Las dudas residen básicamente en lo sucedido con el precio de la leche cruda y la muy probable falta de incentivos para expandir volúmenes.

Hasta el mes de enero de este 2021, el escenario en materia de precios no se mostraba favorable para los tambos de la Argentina. El precio de la leche cruda pasó de 17,3 pesos a 22,7 pesos entre enero 2020 y enero 2021, en un año un 31,7% de aumento pero en términos absolutos, un aumento que no alcanza para compensar una inflación que, aunque controlada, es imposible de manejar a pequeña escala donde la distorsión de precios juega un papel desconocido en la ciudad capital.

Como lo dicen tamberos, ex productores y hasta en las grandes multinacionales líderes de la industria, “así la ecuación de la leche no da” dicen todos y un analista agrega “a ninguna escala, lo pueden leer en los diarios”.

Es real, la situación de los tambos se complicó no sólo por el hecho que la leche cruda no logró acompañar la inflación, sino también porque algunos de sus costos más relevantes fueron a mucha más velocidad, el dólar oficial o blue, un 100%, los combustibles, la logística y, por si faltara más, la presión impositiva se siente mucho más en las provincias productoras que en las consumidoras.

“En el primer semestre de 2020 un litro de leche compraba 2,1 kilos de maíz o 1,2 kilos de soja, relación que desmejoró sensiblemente en la segunda mitad del año pasado y comienzos del 2021” explica el informe de los cordobeses y continúa, “en enero de este año un litro de leche cruda alcanzaba para 1,3 kilos de maíz o 0,8 kilos de soja, una caída abrupta de poder de compra en solo 6 meses; debe advertirse que el poder de intercambio de la leche cruda del arranque de este año se ubicaba en un nivel similar al que se observó en la última gran crisis láctea del 2015 y el 2016.

En definitiva, los analistas concluyen que si con este presente -de números positivos para la industria- la situación es complicada, lo que se vislumbra con el declive del precio real de la leche cruda y el descontrolado aumento en los costos y sus consecuentes efectos adversos sobre la rentabilidad de la actividad, no se vislumbra una mejora para toda la industria en el futuro.

Con ese panorama, como en casi toda la agroindustria en general, “el potencial productivo de un ciclo empieza a definirse varios meses antes” explican en el campo, a esta altura ya se sabe como serán las reservas, se decide retención de animales y servicios de futuras hembras lactantes, entre otras acciones y, ya se comienza a analizar las señales del mercado en cuanto a precios, si son o no atractivos como puede inferirse si las señales y así poder definir cuál será de precios el flujo de inversión se reduce inexorablemente.

El gran aumento de producción del 2020 (+7,4% i.a., 770 millones de litros) difícilmente podía ser absorbido por el mercado interno argentino, particularmente por uno afectado por tres años de crisis económica, una pandemia y una política de aislamiento extensa, sin resignar precios y márgenes.

A mediados del 2019 el valor de la integración láctea que estiman los cordobeses de la IERAL (lo que paga el consumidor interno, en promedio, por cada litro de leche cruda utilizado en la elaboración cuando adquiere una canasta de productos lácteos) llegó a casi 90 pesos por litro de leche vendida (a precios de hoy).

Desde ese entonces el valor de la integración empezó a erosionarse, señal que al mercado le costaba muchísimo absorber tanta leche cruda (productos lácteos) a los precios y demás condiciones económicas vigentes.

De acuerdo a la última estimación, la integración láctea alcanzó los 67,9 pesos por litro elaborado en enero de 2021, cuando un año atrás se ubicaba en 80,8 pesos (a precios de Enero’21). Según este indicador, el valor de la canasta de lácteos apenas aumentó un 16,2% en términos nominales en los últimos 12 meses, lo que representa un abaratamiento del 16% en pesos constantes (un ajuste muy fuerte en términos reales).

Tal cuál como se anticipó entre informes y análisis de mercado del año pasado, el desempeño exportador del 2020 fue satisfactorio y clave para descomprimir el mercado interno, con una utilización total de leche cruda que de acuerdo a las estimaciones pasó de 1.702 millones a 2.234 millones -un 31%, más y 532 millones de litros más. En términos de productos, los volúmenes colocados de leches en polvo aumentaron en un 48% y los de quesos en un 14%.

Este crecimiento permitió a la Argentina recuperar market share en ambos mercados mundiales: en LP se logró igualar participaciones de 2015 (2,3% a nivel global, o 3,6% excluyendo comercio intra-UE28), en el comercio de quesos, se logró incrementar las ya elevadas participaciones logradas en 2018-2019, alcanzando guarismos de 1,0% a nivel global, y 3,9% excluyendo comercio intra-UE28 (máximos niveles de participación en los últimos 14 años).

Estos datos deberían ser una gran noticia pero según entienden los analistas esta mejora y recuperación no alcanza para sostener una industria que necesita mayor previsibilidad para poder sostener su crecimiento. De todos modos, una muy buena noticia que proviene del frente externo y que puede ser clave para mejorar la ecuación económica de la producción primaria en el 2021 es la revalorización de los lácteos en el mundo que puede traer problemas a los consumidores locales.

En el último remate quincenal del Global Dairy Trade (comienzos de marzo), con directo impacto en los Futuros operados en la NZX (New Zealand Exchange), la leche en polvo entera registró un salto en sus futuros más próximos de alrededor del 16%, superando los 4.300 dólares en las posiciones más cercanas (Mar-Abr). Estos precios son los mejores observados desde 2014. De mantenerse este nuevo escenario, el precio de la LPE Puertos Argentinos debería superar los 3.700 dólares a mediados de año y los 4.000 dólares hacia fines.

De convalidarse los precios de exportación antes referidos, la industria LP podría ofrecer (no implica que lo vaya a hacer) 26,9 pesos por litro en marzo, 32,3 pesos en junio, 36,2 pesos en septiembre, y 40,3 pesos en el mes de diciembre.

Después de este panorama presente y futuro, cuesta comprender la desaparición de los tambos, los números negativos de las grandes compañías y la inminente salida de uno de los jugadores más importantes del mundo lácteo y alimenticio.

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