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Desde una nación islamita que apenas consume 1 litro de vino cada año, y de la mano de productores audaces -varios italianos- que apuestan por cepas autóctonas, los vinos espumosos turcos están abriéndose paso nuevamente al mundo.

Una apuesta exitosa y nada fácil en un principio, ya que Turquía había perdido desde hace casi un siglo su reputación de gran país productor de vinos, basada en una tradición milenaria.

Según algunas fuentes, el 80% de los turcos contemporáneos no beben alcohol. La media nacional de consumo de vino se estima en un litro por persona al año, frente a los 40 de los italianos.

Producir o consumir vino se ha vuelto más caro y más difícil bajo el gobierno islamita conservador del presidente Recep Tayyip Erdogan -es abstemio-, quien endureció la legislación y aumentó los impuestos a las bebidas alcohólicas.

Las políticas promulgadas y sostenidas durante la presidencia de Erdoğan han limitado la publicidad, el marketing y las ventas de cerveza, vino y bebidas espirituosas en Turquía.

Actualmente, Turquía se encuentra entre los mayores productores de uvas del mundo , aunque muchas se consumen como uvas de mesa o pasas. Alrededor de 30 de las 800 variedades de uva autóctonas de Turquía se convierten en vino en cantidades comerciales. 

Bodega Vinkara, no muy lejos de la capital, Ankara en el Centro de Turquía / Cortesía de Bodega Vinkara

“Nuestra producción se agota muy rápidamente. No alcanzamos a satisfacer la creciente demanda. Sobre todo ahora que se acerca el Año Nuevo”, asegura Candas Misir, director de la bodega Vinkara, que en 2009 fue la primera en producir espumosos, blancos y rosados, utilizando el método de champaña tradicional, en sus viñas de Kalecik, a 80 kilómetros de Ankara.

Desde entonces, otros viñedos turcos siguen sus pasos y ofrecen bruts que recuerdan al famoso champán francés, aunque no pueden utilizar la denominación de origen, que es ultracontrolada, a pesar de que la elaboran con los mismos criterios.

“Al principio tuvimos una acogida muy reservada. La gente se preguntaba: ¿Qué es eso de un vino espumoso turco?”, recuerda Misir.

“Pero una sola degustación basta para que estos prejuicios desaparezcan”, sonríe.

Ofreciendo un aroma muy floral con notas afrutadas, que recuerda a los espumosos de la región francesa de Alsacia, “Yasasin” (que significa “¡Viva!” en turco) ganó la medalla de oro en 2020 en el concurso ‘Efervescentes del Mundo’, organizado en Francia.

Gigante dormido

Detrás de este éxito se esconde una producción casi totalmente manual, a partir de la cepa autóctona Kalecik Karasi (la “Negra de Kalecik”, en turco), apodada “el Pinot Noir turco”, que estuvo en peligro de desaparecer en los años 80, pero que resucitó gracias a los esfuerzos de investigadores y viticultores turcos.

Para Burak Demirel, enólogo y profesor de vinificación en la Universidad Namik Kemal, el redescubrimiento de las variedades de uva local ha desempeñado un papel clave en el reciente éxito de los vinos tranquilos y espumosos turcos.

“Las universidades y los viticultores hacen un trabajo extraordinario. Han identificado más de 800 cepas autóctonas. Se trata de un potencial enorme que Turquía ha subexplotado durante años. Por eso era conocida como el gigante dormido de la viticultura”, afirma.

“Hoy asistimos a su despertar, con el lanzamiento casi cada dos años de un vino producido a partir de una nueva cepa”.

Producción de vino en la bodega Vinkara en Kalecik, centro de Turquía, el 18 de diciembre de 2023
Producción de vino en la bodega Vinkara en Kalecik, centro de Turquía, el 18 de diciembre de 2023 © Adem ALTAN / AFP

Así, entre 2004 y 2022, la producción de vinos tranquilos se ha triplicado. Incluso se ha quintuplicado en el caso de los vinos espumosos, alcanzando 78 millones de litros y 2,4 millones de litros en 2022, según cifras oficiales.

Éxito entre los blogueros

Para Andrea Lemieux, residente en Estambul desde hace once años y autora de una guía de vinos turcos, aunque los viticultores se enfocan en la calidad, también han cuidado el mercadeo, especialmente entre blogueros especialistas en vino que han florecido en los últimos años.

“Hay mucha gente que escribe sobre los vinos turcos y que viene especialmente a Turquía para probarlos. Gracias a ellos, los vinos espumosos turcos son cada vez más conocidos”, afirma.

“Conozco dos vinotecas en Washington, Estados Unidos, que agotaron rápidamente sus existencias después de que empezaron a vender Yasasin de Vinkara. Hay un interés real”, cree.

Sin embargo, las exportaciones son limitadas por el momento, con sólo 30.000 litros en 2022, según las estadísticas oficiales, en Sudamérica no son fáciles de conseguir, incluso en ciudades cosmopolitas como Buenos Aires y San Pablo.

No hay que olvidar que la competencia es dura con sus rivales europeos, españoles e italianos, que a menudo son menos costosos y tienen una larga tradición en los canales de distribución locales.

“A la gente le preocupa el precio, principalmente cuando no tienen conocimientos en el tema. Sin embargo, la calidad está ahí”, afirma Lemieux.

“Turquía ocupa la sexta posición mundial como productor de uva con 4,1 millones de toneladas. Pero sólo el 4% de esta cosecha se destina a la elaboración de vino. Estamos lejos de alcanzar nuestro potencial”, lamentó en 2021 el presidente de la Asociación de Productores de vino Ali Basman en la prensa turca.

Ahmet Ay, director de producción de la bodega Vinkara, sirve una copa de vino espumoso en Kalecik, en el distrito de la provincia de Ankara, el 18 de diciembre de 2023
Ahmet Ay, director de producción de la bodega Vinkara, sirve una copa de vino espumoso en Kalecik, en el distrito de la provincia de Ankara, el 18 de diciembre de 2023 © Adem ALTAN / AFP

El despertar del “gigante dormido” todavía tardará algún tiempo, pero el profesor Demirel sigue confiando.

“Hay una generación joven de productores y enólogos turcos que investigan mucho y están a la vanguardia de los nuevos desarrollos. El futuro de los vinos turcos, espumosos y tranquilos, es brillante”, afirma.

La historia del vino turco

Los restos arqueológicos muestran que el cultivo de la uva comenzó en el valle del Tigris-Éufrates, en la actual Turquía, en el quinto milenio a. C. y continuó a través de las culturas hatti, hitita, frigia, griega y romana. La elaboración de vino continuó durante el Imperio Otomano, que se extendió por unos 700 años hasta su disolución en 1922. Durante el período otomano, la producción la realizaban a menudo las comunidades no musulmanas del país , incluidas las de ascendencia griega o armenia. 

A finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la filoxera arrasó los viñedos de Europa, creció la demanda de vino que no se viera afectado por la plaga. Las exportaciones de vino turco a Europa ascendieron a 340 millones de litros en 1904, una cifra considerablemente superior a los 75 millones de litros que el país produce cada año actualmente. 

De 1920 a 1924, Turquía prohibió brevemente la venta, producción, importación y consumo de todo tipo de alcohol. Este período duró cuatro años después de los siete años de Prohibición de Estados Unidos; pero, al igual que el experimento estadounidense, su impacto perdura. Durante este mismo período, terminó el dominio otomano y se formó la nueva República Turca.

Fuente: © 2023 AFP y Wine Enthusiast


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