La sostenibilidad del vino ya no se mide solo en viñedo: también pesa, literalmente, en el vidrio. La Sustainable Wine Roundtable (SWR) acaba de sumar cinco nuevos firmantes a su Bottle Weight Accord (BWA) —entre ellos la argentina Domaine Bousquet— y elevó a más de 2.500 millones de botellas anuales el volumen de vino cubierto por este compromiso para aligerar envases y reducir la huella de carbono del sector de cara a 2026.
Para comprender rápidamente la importancia de este movimiento fundamental de la industria del vino, nada mejor que las palabras de una pionera en el tema y protagonista de este nuevo paso para el sector en la Argentina: “Creo que la pandemia fue un punto de inflexión en el que se ha despertado otra conciencia. Después de la pandemia se ve más demanda de productos orgánicos de parte de los consumidores. La pandemia también forzó a tomar más en serio las consecuencias del cambio climático. La industria del vino no puede quedar ajena a tomar medidas para cuidar el futuro. Nuestro granito de arena es ser sustentables en 360 grados. Somos la única bodega argentina en la que toda su producción es orgánica. Hay una visión, una pasión.” explica la economista y bodeguera francesa Anne Bousquet.
Qué es el Bottle Weight Accord y por qué importa
Lanzado en noviembre de 2023, el Bottle Weight Accord fijó una meta concreta: llevar el peso promedio de las botellas de 75 cl a 420 gramos para 2026. La lógica es directa: menos vidrio implica menos CO₂ en fabricación y transporte, sin resignar calidad del vino.
Con las nuevas adhesiones —los distribuidores Ellis Wines y Guy Anderson Wines, la española Bodega Beronia, la argentina Domaine Bousquet y el monopolio de alcohol de Quebec, SAQ (Société des alcools du Québec)— el acuerdo extiende su radio de acción y refuerza algo clave: no solo las bodegas, también intermediarios y retailers tienen un rol crítico en empujar el cambio de botellas pesadas a formatos más livianos.
El impacto climático ya es medible. Según el director de Investigación de SWR, Peter Stanbury, “el objetivo central del BWA era reducir la huella de carbono de la industria del vino. Ha sido extremadamente exitoso en lograrlo”. En su primer año, el ahorro de emisiones superó las 144.000 toneladas de CO₂; con la expansión de miembros, la mitigación en 2025 llegó a casi 294.000 toneladas.

Beronia marca el ritmo, Bousquet se alinea
Entre los nuevos firmantes, Bodega Beronia (parte del grupo González Byass) puso números sobre la mesa que muestran hasta dónde se puede llegar con una estrategia consistente. Su directora de Sustentabilidad, Victoria González‑Gordon, explicó:
“Estamos totalmente alineados con el compromiso del Bottle Weight Accord, ya que más del 90% de nuestra producción en Bodegas Beronia utiliza vidrio liviano. Seguimos avanzando en aligerar nuestras botellas, porque somos conscientes de que este es un paso clave en nuestra hoja de ruta de descarbonización”.
La incorporación de Domaine Bousquet, referente argentino de agricultura orgánica en el Valle de Uco, encaja con ese mismo mensaje: una bodega que ya construyó reputación en viñedo ahora sube la apuesta en packaging sustentable y se sienta a la mesa con players europeos, norteamericanos y canadienses para estandarizar el giro hacia botellas más livianas.
El rol de distribuidores y monopolios: presión desde la cadena
El BWA también deja claro que el poder de cambio no está solo en quien llena la botella. Ellis Wines, histórico distribuidor británico, subrayó el valor de trabajar “de arriba abajo” en la cadena. Su wine buyer, Ben Webb, lo sintetizó así:
“Nuestra prioridad ha sido trabajar con los proveedores para reducir su impacto ambiental gestionando el peso de sus envases, lo que limita directamente las emisiones de CO₂ en fabricación y transporte. Solo trabajando juntos con nuestros socios reduciremos nuestro impacto ambiental a lo largo de toda la cadena de suministro”.
Del lado del retail público, SAQ reforzó la idea de acción colectiva. Marie‑Hélène Lagacé, vicepresidenta de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Responsabilidad Social Corporativa del monopolio que controla la venta de alcohol en Quebec, explicó:
“Nos complace unirnos a este acuerdo, ya que reafirma nuestro compromiso de trabajar de manera colaborativa para reducir la huella ambiental de nuestra industria. Nos mantenemos firmes en el diálogo y la cooperación continua con los socios del sector en pos de objetivos compartidos —objetivos a los que hemos estado comprometidos desde hace muchos años”.
Para bodegas como Domaine Bousquet, estar en la misma mesa que un comprador institucional del tamaño de SAQ no es menor: son justamente estos actores los que pueden traccionar volúmenes y acelerar la adopción de nuevos estándares de peso.
Después de 2026: ¿botellas de 300 gramos como norma?
El informe de SWR no se queda en el objetivo de 420 g. Stanbury adelantó que en 2026 habrá una nueva ronda de investigación sobre pesos de botellas de vino tranquilo para evaluar si un objetivo aún más bajo es realista:
“Sabemos ya que muchos de los vinos de nuestros miembros se venden en botellas en el rango de 350–370 g, y botellas tan livianas como 300 g están cada vez más difundidas”.
En paralelo, la entidad lanzará en marzo de 2026 un Sparkling Bottle Weight Accord, con benchmarks específicos para espumosos y un énfasis mayor en seguridad, dadas las presiones internas que manejan estos vinos.
Para la industria, esto significa que el vidrio pesado —históricamente usado como símbolo de “lujo” y “premiunidad”— está bajo revisión seria. Que un Malbec de alta gama de una bodega mendocina como Domaine Bousquet viaje en 350 g en vez de 550 g no será, en poco tiempo, un diferencial de marketing sino un requisito de acceso a ciertos mercados y canales.
Más allá del vidrio: una agenda de sustentabilidad más amplia
El Bottle Weight Accord es solo una de las líneas de trabajo de la Sustainable Wine Roundtable, que hoy agrupa a más de 130 miembros de toda la cadena del vino, desde viñedos hasta grandes retailers. Además de packaging, el organismo impulsa estándares y herramientas en:
- viticultura sustentable,
- condiciones laborales y estándares sociales,
- métricas comparativas de impacto de distintos tipos de envases (vidrio, bag‑in‑box, lata, etc.).
Para las bodegas argentinas que ya juegan en la primera línea de la sustentabilidad —como Domaine Bousquet— estos acuerdos son algo más que un sello “verde”: son la llave para seguir compitiendo en mercados donde los compradores institucionales, los monopolios y los grandes distribuidores ya no preguntan solo por puntajes y variedades, sino también por gramos de vidrio, toneladas de CO₂ evitadas y trazabilidad ambiental.
En un contexto de consumo más moderado y sobreoferta global, que una botella pese menos puede parecer un gesto menor. Pero cada gramo cuenta: cuando se trata de 2.500 millones de botellas por año, la sustentabilidad deja de ser discurso y empieza, literalmente, a mover la aguja.