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Tras tres años consecutivos de retrocesos, los precios del vino de alta gama retroceden a niveles de 2020. Las tarifas impuestas por Donald Trump y la pérdida de apetito inversor en EE.UU. golpearon la demanda, aunque Asia empieza a mostrar nuevos signos de recuperación.


El mercado internacional de vinos finos acumula su tercer año consecutivo en caída. Según el índice Fine Wine 100 de Liv-ex, que reúne etiquetas de referencia como Bordeaux, Borgoña y Champagne, los precios disminuyeron 2,8% hasta noviembre de 2025, devolviendo el mercado a los niveles de finales de 2020.

Las cifras de Liv-ex revelan un escenario homogéneamente negativo: los Bordeaux cayeron 6,6%, los Borgoñas un 4,4% y los Champagnes de colección un 4,3%. “Ha sido brutal”, definió Justin Gibbs, vicepresidente y director de Liv-ex. “En otras correcciones de mercado siempre había focos de resistencia. En esta, todo el mercado ha sufrido”.

Los efectos de los aranceles y la sobreoferta

El impacto de los aranceles del 15% impuestos por la administración Trump sobre las importaciones europeas continúa sintiéndose. Este factor, junto con el atractivo de otros activos como tecnología y oro, redujo las compras estadounidenses de vino fino en 44%, según el informe anual de Liv-ex.

También influyó el escaso dinamismo de las campañas en primeur de Bordeaux, tradicional termómetro del sector. Los productores fijaron precios demasiado altos en añadas recientes, generando un exceso de stock que deprime los valores en el mercado secundario. “Espero que Bordeaux no se aproveche de la buena cosecha 2025 para subir precios y alejar a sus compradores tradicionales”, advirtió Michael Saunders, CEO del grupo británico Coterie Holdings, propietario de Lay & Wheeler y Coterie Vaults.

Entre los vinos más castigados figuran Château Mouton Rothschild 2021, con un descenso del 5,2% hasta £3.312 por caja de 12 botellas; Château Haut-Brion, con -11,4% hasta £2.700; y Château Ausone, que perdió 34%, descendiendo a £3.106 por caja. El conjunto del mercado devuelve casi todas las ganancias obtenidas durante el auge pandémico, cuando el confinamiento impulsó la demanda de lujo y la liquidez fácil elevó los precios a máximos históricos.

Una recuperación tímida desde Asia

En medio del panorama bajista, las últimas cifras muestran una recuperación marginal entre septiembre y noviembre, impulsada por el resurgir de la demanda en Hong Kong y Singapur. En esas plazas, donde los consumidores siguen de cerca el desempeño bursátil, las mejoras económicas se reflejan en nuevas compras de vinos finos.

Veo más clientes aprovechando los precios deprimidos”, comentó Paulo Pong, fundador de Altaya Wines. “La recuperación de la bolsa de Hong Kong aumentó el ingreso disponible entre profesionales del sector financiero y legal”. Pong destacó el repunte en la demanda de Borgoñas blancos y tintos, así como de Champagnes de añada: “Los consumidores han vaciado sus cavas en los últimos años”, explicó.

Desde Singapur, Lee Crymble, director general de Vinum Wines, señaló que los blancos de François Raveneau, Leflaive y Ramonet se vendieron especialmente bien. “En China, el interés por Borgoña crece sin pausa. La escena vinícola de Shanghái está madurando rápidamente”, subrayó.

Nuevas oportunidades para los inversores

Si bien los índices siguen en retroceso, algunos especialistas ven oportunidades únicas en las correcciones de precios. Gregory Swartberg, CEO de Cru Wine, sostuvo que el mercado fue “bastante horrible” durante tres años, pero que hoy ofrece una oportunidad para adquirir “vinos excepcionales a precios de oportunidad”. Señaló que las Borgoñas 2023, especialmente blancas, presentan un potencial de valorización ante la escasez esperada por la baja producción del 2024.

El mercado de vinos finos, históricamente cíclico y sensible al lujo global, parece ingresar en una fase de estabilización. Si el impulso asiático se mantiene y los productores ajustan expectativas, 2026 podría marcar el comienzo de un nuevo ciclo de confianza.


Sudamérica busca su lugar en el mercado del vino fino

Aunque los índices de referencia como Liv-ex siguen dominados por Europa, Sudamérica comienza a hacerse notar entre los coleccionistas globales. Las bodegas de Argentina y Chile avanzan en el segmento premium con etiquetas que ya forman parte del circuito La Place de Bordeaux, buscando posicionarse frente a un consumidor global más sensible al valor y al origen.

Según datos de Mordor Intelligence, el mercado del vino sudamericano crecerá cerca de 2,5% anual hasta 2030, sostenido sobre todo por el consumo interno y las exportaciones a Norteamérica y Asia. Sin embargo, el segmento de inversión en vino fino sigue siendo marginal. En Argentina, la alta inflación -para los estándares mundiales, más del 20% de inflación anual es insostenible- limita el desarrollo local del comercio de vinos de colección, aunque el prestigio internacional de regiones como Mendoza sostiene el interés de importadores europeos. En Chile, la consistencia en calidad y el posicionamiento premium de proyectos como Seña o Almaviva mantienen al país en los catálogos de los grandes distribuidores.

Mientras tanto, Brasil se sostiene fuerte el consumo de sus vecinos sudamericanos Argentina y Chile pero comienza a tomarse en serio el papel de productor con fuertes inversiones en el sur del país como las realizadas por el Grupo Miolo. Su creciente clase media impulsa el consumo de vinos premium importados, lo que convierte al país en un nuevo foco de demanda regional.

Los expertos coinciden en que Latinoamérica podría beneficiarse del ajuste global de precios, ofreciendo a los coleccionistas internacionales alternativas de calidad con mejor relación precio‑prestigio.


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