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E. & J. Gallo cerrará Ranch Winery, una planta de 70 acres en Napa, despedirá a 56 empleados y recortará operaciones en otras bodegas de California, en un nuevo capítulo de la crisis del vino estadounidense, marcada por sobreoferta de uva y caída del consumo.

El mayor productor de vino de Estados Unidos sigue achicando su mapa productivo. E. & J. Gallo Winery decidió el cierre definitivo de Ranch Winery, una planta de elaboración de 70 acres en St. Helena, Napa Valley, y confirmó nuevos recortes de personal en otras bodegas ícono de su portafolio. El movimiento es otro capítulo de una crisis que combina caída del consumo, sobreoferta de uva y ajustes agresivos de capacidad en la costa oeste, con señales que los productores de Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay miran de cerca.

Ranch Winery baja la persiana: 70 acres menos y 56 empleos perdidos

El cierre de Ranch Winery quedó formalizado en una Worker Adjustment and Retraining Notice (WARN) presentada ante las autoridades de California. El establecimiento, ubicado en St. Helena y adquirido por Gallo en 2015, dejará de operar de manera permanente y supondrá la pérdida de 56 puestos de trabajo, según consta en la notificación oficial.

No se trata de una bodega boutique, sino de una gran planta de producción instalada en una superficie de 70 acres, pensada para vinificar y procesar grandes volúmenes en el corazón de Napa. El ajuste de Gallo no se limita a este sitio: el mismo filing detalla reducciones de personal en Louis M. Martini Winery y en la sala de degustación de Orin Swift en St. Helena, así como en J Vineyards y en Frei Ranch, en Healdsburg, otro centro productivo de peso.

Los recortes afectan áreas clave como elaboración de vino (winemaking), hospitalidad y gastronomía, lo que indica que el impacto va más allá de la operación industrial y toca también la experiencia enoturística, uno de los motores de valor de Napa y Sonoma.

En un comunicado a medios, la compañía justificó la decisión con un mensaje directo:

“Gallo está alineando partes de nuestras operaciones con nuestra estrategia comercial a largo plazo para asegurarnos de mantenernos bien posicionados para el éxito futuro. Como parte de este proceso, tomamos la difícil decisión de reducir ciertas operaciones en la región vinícola. Estos cambios se deben a la dinámica del mercado, la evolución de la demanda de los consumidores y la capacidad disponible en nuestras bodegas”

Dos años de achique: ventas en caída, consumo a la baja y uvas de sobra

El cierre de Ranch Winery no es un hecho aislado, sino parte de un proceso de retracción que ya lleva al menos dos años. Gallo viene describiendo el contexto como una “crisis de la industria global del vino”, marcada por:

  • ventas en declive,
  • disminución del consumo de alcohol,
  • y una sobreoferta de uva que presiona precios y márgenes en toda la cadena.

En 2024, el grupo vendió dos instalaciones en la Costa Central:

  • su bodega en Edna Valley (San Luis Obispo),
  • Wild Horse Winery en Templeton, aunque mantuvo la marca Wild Horse en el portafolio.

En julio de 2024, anunció además el cierre de su última planta en la Costa Central, Courtside Winery, un sitio de 300.000 pies cuadrados en San Miguel, que implicó la salida de 47 empleados.

Los analistas citados en la prensa especializada coinciden en que el ciclo bajista aún no tocó piso y que la corrección podría extenderse uno o dos años más, especialmente en el segmento de vinos de volumen y marcas commodity.

Constellation, Gallo y un contrato que no se renueva

La tensión en el mercado californiano se ve también en las decisiones de otros gigantes. Tal como reportó the drinks businessConstellation Brands anunció el cierre de Mission Bell Winery en el condado de Madera, con la pérdida de unos 200 empleos, debido a una rápida contracción de la demanda de marcas de vino commodity.

El dato que conecta esa historia con Gallo es que, en 2020, Constellation le vendió alrededor de 30 marcas a E. & J. Gallo Winery en un acuerdo de U$S 810 millones. Ese paquete incluía un contrato de producción por cinco años en Mission Bell, que Gallo decidió no renovar. Sin ese volumen asegurado, Constellation optó por cerrar la bodega.

La señal para la región es clara: las grandes corporaciones no están dispuestas a sostener capacidad ociosa ni estructuras ligadas a etiquetas de baja rotación, incluso cuando eso implique dejar sin trabajo a cientos de personas y salir de activos históricos.

38.134 acres arrancados y productores al límite

Detrás de cada cierre industrial hay un mapa de viñedos en retroceso. Entre octubre de 2024 y agosto de 2025, los productores californianos arrancaron 38.134 acres de viñedos, según Natalie Collins, presidenta de la California Association of Winegrape Growers.

El diagnóstico que ofrece Stuart Spencer, director ejecutivo de la Lodi Wine Grape Commission, es contundente:

“Es una masacre para todos los viticultores de California. Es la peor situación del mercado que los viticultores han visto en su vida; agricultores de más de 80 años me dicen que nunca la habían visto tan mal”.

Cuando un referente con décadas de experiencia describe la situación como un “baño de sangre” y asegura que productores de 80 años nunca vieron nada igual, la dimensión de la crisis se vuelve difícil de exagerar. Sobran uvas, falta demanda y los precios no cubren costos, mientras los grandes grupos ajustan compras y contratos.

Qué debería mirar Latinoamérica en este escenario

Para las bodegas y viñateros de Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay, lo que ocurre en California y con grupos como Gallo y Constellation no es solo un tema de competencia, sino también de señal de ciclo:

  • Un mercado de referencia como Estados Unidos bebe menos vino y migra hacia otras categorías (RTD, spirits, sin alcohol), presionando tanto a productores locales como a importadores.
  • La sobreoferta global de vino de volumen y la decisión de players integrados de cerrar bodegas y arrancar viñedos anticipan un período de mayor competencia por segmentos de mayor valor, donde el origen, la marca y la historia pesarán más que nunca.
  • La experiencia californiana muestra que, ante una crisis prolongada, los ajustes no se limitan a recortar marketing: incluyen ventas de activos, concentración de producción y salida de zonas enteras.

En ese contexto, los países del Cono Sur que exportan a Estados Unidos y compiten en góndola con California tendrán que preguntarse cuánto de esta “limpieza” genera espacio de oportunidad, y cuánto obliga a revisar sus propias estrategias de portafolio, precios y posicionamiento, antes de que el “baño de sangre” de la costa oeste se convierta en un reacomodamiento más amplio del negocio global del vino.


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