Marks & Spencer acaba de mover una ficha incómoda para toda la cadena de valor de bebidas: será el primer gran retailer del Reino Unido en incluir el alcohol dentro de sus reportes de ventas de “productos saludables”, pese a que la futura normativa oficial no lo exige.
Con el dato sobre la mesa de que el alcohol representa alrededor del 5% de las calorías que compran los adultos británicos, la decisión abre un nuevo frente en el debate sobre obesidad, transparencia y responsabilidad de supermercados y marcas de bebidas.
Como otros grandes supermercados, M&S ya publica el porcentaje de sus ventas que corresponde a productos considerados más saludables, en línea con las metas que el gobierno británico quiere volver obligatorias para 2029. La diferencia es que, hasta ahora, el alcohol estaba fuera de ese radar: la propuesta oficial para el reporte obligatorio de “healthy sales” no lo incluye.
M&S eligió ir un paso más allá:
El director general de M&S Food, Alex Freudmann, lo explicó sin matices:
“Incluimos voluntariamente el alcohol en nuestro objetivo de ventas de alimentos saludables porque es lo correcto y cuestionó así, de forma directa, el diseño actual de la política pública”.
“Apoyamos la propuesta del Gobierno de informar obligatoriamente sobre las ventas de alimentos […] Sin embargo, los modelos de informe actuales no incluyen el alcohol, que, como demuestran las investigaciones, puede contribuir a las calorías vacías, lo que tiene un impacto potencial en la salud”.
Para el retailer, dejar el alcohol afuera “se pierde un elemento clave de las canastas de compra y las ventas de supermercados del Reino Unido”, porque forma parte central de la compra promedio.
La jugada de M&S se apoya en datos producidos por Nesta, un think tank de innovación pública que asesoró al gobierno en el diseño del modelo de reporte. Su análisis muestra que:
En términos prácticos, ese 5% equivale aproximadamente a 140 calorías por día, el equivalente a una copa estándar de vino de 175 ml, según los cálculos de Nesta.
La propia organización subraya que se trata de “empty calories”, porque provienen mayormente del etanol, sin valor nutricional, y que el impacto real puede ser mayor si se suman mezcladores azucarados.
En paralelo, el NHS británico recuerda que:
En este contexto, la decisión de M&S apunta a algo más que un ajuste contable: busca visibilizar el aporte energético del alcohol dentro de la canasta, colocándolo en el mismo plano que snacks o bebidas azucaradas cuando se mide la “saludabilidad” de lo que vende un supermercado.
La medida obtuvo rápidamente el apoyo de Drinkaware, una de las principales organizaciones benéficas del Reino Unido dedicadas a la educación sobre alcohol. Su CEO, Karen Tyrell, puso el acento en un dato crucial para la industria de bebidas:
“Nuestra investigación muestra que casi tres cuartas partes de todo el alcohol se compra en supermercados y tiendas de conveniencia y, dado que los bebedores del Reino Unido son los más propensos a beber habitualmente en casa, este cambio proporcionará información valiosa sobre los hábitos y comportamientos de quienes beben en casa”.
Ese “casi tres cuartas partes” de alcohol vendido en retail confirma que, para productores de vino, cerveza y spirits, el off-trade (supermercados y tiendas de conveniencia) es el eje central del negocio en Reino Unido. Que uno de los grandes players vaya a medir y reportar cuánto de esas ventas contribuye –o no– a una canasta “más saludable” implica:
El contexto de fondo es la ofensiva del gobierno británico contra la obesidad. En 2025, Londres anunció que, hacia 2029, los grandes retailers deberán reportar obligatoriamente la proporción de ventas que corresponde a productos “más saludables” y “menos saludables”, con la meta de hacer que “la canasta promedio sea ligeramente más saludable”.
Sin embargo, el modelo oficial excluye al alcohol de esa contabilidad, al menos en su versión actual. M&S, al decidir incluirlo de todos modos, está:
Aunque la medida es británica, su lógica puede anticipar tendencias regulatorias que terminen cruzando el Atlántico y afectando a exportadores de vino, cerveza y spirits de América Latina:
La jugada de Marks & Spencer no cambia de un día para otro las reglas del juego, pero sí marca una dirección: en un ecosistema donde gobiernos y sociedad civil quieren “medir” la salud de la canasta, el alcohol empieza a dejar de ser un invitado discreto y pasa a ser un ítem explícito en la contabilidad de calorías y en la narrativa de responsabilidad corporativa. Para la industria de bebidas –en el Reino Unido, en Europa y, por extensión, en los países exportadores de la región– es una señal de que el debate sobre salud y transparencia apenas está empezando.
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