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La lata de vino no es romántica pero crece sin parar

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El consumo de vinos en lata sigue creciendo ya desde hace tiempo y su asentamiento en el mercado es un hecho.

Así queda evidenciado por los resultados de un estudio de Nielsen, publicado a fines del 2019, en el que se indica que “el crecimiento del vino en lata representó un negocio de 69 millones de dólares en los Estados Unidos y un aumento de la producción del 69 % en solo un año”.

En la época en la que los “likes” y los “corazoncitos” parecen importar más que las añadas, algunos productores han entendido que el vino necesita ser más accesible e inclusivo si se trata de involucrar a un consumidor joven.

Hasta el momento, los mejores vinos en lata se hacen típicamente frescos y afrutados, con poco o ningún contacto con el roble y deben consumirse poco después de ser envasados. La comercialización de este formato comenzó hace más de 15 años de la mano de compañías vitivinícolas establecidas como la bodega ubicada en Napa Valley, Francis Ford Coppola, que desde el año 2004 enlata su vino espumoso “Sofia Blanc de Blancs”.

Actualmente el vino en lata es el formato de vino de más rápido crecimiento en los Estados Unidos. Analistas de mercado han dicho que es un envase sencillo con el que los consumidores están familiarizados, ya sea a través de refrescos, cervezas o sidras. Además, el formato se adapta a todos los grupos de edad y estilos de vida por su condición altamente reciclable (el metal se recicla para siempre), conveniencia y variedad.

Es precisamente el embalaje reciclable y las etiquetas amigables los factores que están animando a un público más joven a disfrutar del vino. Los vinos en lata son una introducción accesible al mundo del vino, ya que el producto está listo para beber tan pronto como se compra. Además el vino enlatado es más asequible, especialmente para los millenials, que recién están comenzando sus carreras, y pueden no tener el dinero como para acceder a uno de añada y posiblemente de mejor calidad.

De hecho en los Estados Unidos, en la actualidad, son los millenials los que consumen más vinos rosado en lata que embotellado. Por su parte, los productores que eligen el vino en lata no abogan por la eliminación del vidrio. Simplemente lo ven como un envase alternativo para sumar ventas y nuevos consumidores, nunca como reemplazo de la botella y de otros formatos.

Aunque algunos productores y consumidores han abogado por mejorar la calidad de los vinos en lata, queda por ver si estos serán más que sorbos fáciles de beber. Por supuesto el interés del consumidor sobre el enólogo o la procedencia del vino es menor y de momento nadie está dispuesto a comprar un vino en lata para una ocasión especial.


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