Según el último informe del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la industria exportó en la primera mitad del año 1.026.077 hectolitros de vino (equivalentes a 102.607.700 litros), lo que representa un aumento de 14,2% respecto del mismo período de 2025.
Si se mira el complejo completo de vinos y mostos:
En el caso específico del vino:
Es decir: Argentina volvió a vender más vino al mundo, pero a valores más bajos por litro. El “respiro” viene por volumen y por la contribución del mosto concentrado, mientras la discusión sobre cómo recuperar precio y margen sigue abierta.
La principal explicación del salto exportador está en el vino a granel, un segmento más sensible al precio internacional y con menor valor agregado que el fraccionado.
En el semestre:
Dentro del granel, el desempeño fue especialmente fuerte en los vinos blancos:
Al mismo tiempo, los espumosos consolidaron su recuperación:
En valor, junio dejó otro dato alentador:
Aunque el granel fue el gran protagonista, los vinos varietales fraccionados siguen siendo el corazón de la oferta argentina en el exterior. La recuperación de los espumosos se suma como una buena noticia para bodegas que habían visto caer este segmento en años previos.
En materia de destinos, el informe del INV y los medios especializados remarcan varios movimientos:
En términos estructurales, el INV y los analistas coinciden en que la señal del semestre es positiva, pero matizada: la industria logró recuperar mercados y volumen, sobre todo en productos de precio más bajo, mientras el desafío sigue siendo recuperar precio promedio y sostener la presencia en segmentos de alto valor.
La lectura es inevitable y es clara: después de “uno de los períodos más complejos para el negocio internacional”, la vitivinicultura argentina encuentra por fin un respiro. Las cifras de INV muestran una primera mitad de año con:
Pero también con:
Para bodegas y productores, el mensaje detrás de los números es doble: por un lado, hay una ventana de oportunidad para recomponer relaciones comerciales y despejar stocks; por otro, la batalla importante —la del valor agregado, la premiumización y la construcción de marca país en segmentos de mayor precio— sigue pendiente.
En ese equilibrio entre volumen y valor, el “respiro” del primer semestre es una buena noticia, pero también un recordatorio de que el vino argentino no puede conformarse con vender más litros si esos litros viajan cada vez más baratos.
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