El conflicto comercial entre Estados Unidos y Canadá encontró un nuevo capítulo, y esta vez el vino y las bebidas espirituosas están en el centro de la escena. El 20 de julio la Casa Blanca anunció la aplicación de un arancel del 50% sobre una amplia canasta de productos canadienses, entre ellos bebidas alcohólicas y lácteos, en lo que definió como una respuesta al “trato discriminatorio de Canadá hacia los productos estadounidenses”. Las nuevas alícuotas comenzarán a regir el 19 de agosto.
En su proclama, el presidente Donald Trump apeló a la Sección 338 de la Ley de Aranceles de 1930, una herramienta que habilita al Ejecutivo a imponer derechos adicionales “para compensar la carga o desventaja derivada de la discriminación de un país extranjero contra el comercio de Estados Unidos, o de una imposición desigual sobre el mismo”.
La decisión llega apenas dos semanas después de que Washington se negara a renovar el acuerdo comercial USMCA (T-MEC) que mantiene con Canadá y México, un movimiento que dejó sin red de contención al comercio regional.
El primer ministro canadiense Mark Carney fue tajante al conocerse la medida: “Esta es la última de una serie de acciones comerciales unilaterales de Estados Unidos que comenzaron con la imposición de una serie de aranceles en violación directa del Acuerdo Canadá-Estados Unidos-México (CUSMA), el tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México”.
Carney agregó: “Reconociendo que Estados Unidos ha estado transformando todas sus relaciones comerciales, incluidas las cubiertas por el CUSMA, durante los últimos 18 meses, Canadá ha presentado una serie de propuestas detalladas e integrales para resolver esta disputa y modernizar el CUSMA. Estamos dispuestos a intensificar esas conversaciones en las próximas semanas”.
El trasfondo del capítulo alcohólico se remonta a marzo de 2025, cuando provincias como Ontario y Quebec comenzaron a retirar bebidas estadounidenses de sus estanterías como represalia por los aranceles de Washington. Alberta y Saskatchewan levantaron sus prohibiciones tres meses después, y algunas jurisdicciones empezaron a liquidar stocks acumulados de alcohol estadounidense, pero los pedidos y las ventas siguen restringidos en otras regiones del país. Este mes, una congresista republicana presentó incluso un proyecto para investigar el bloqueo que aún persiste en varias provincias.
“Concretamente, Canadá grava y perjudica de manera injustificada a las bebidas alcohólicas estadounidenses, pero no a las de otros países”, sostuvo Trump. Y remató: “Las provincias y territorios canadienses no han instituido ni mantenido prohibiciones o restricciones similares sobre ningún otro país desde marzo de 2025, beneficiando así a otros países a expensas de Estados Unidos”.
Desde el sector productivo, la reacción fue ambivalente. Chris Swonger, CEO del Distilled Spirits Council of the United States (DISCUS), reconoció el diagnóstico oficial: “Durante casi un año y medio, los destilados estadounidenses fueron retirados de las góndolas en buena parte de Canadá como daño colateral de una disputa comercial más amplia y ajena a nuestro sector, y valoramos que la Administración reconozca el daño significativo que estas restricciones causaron a los destiladores estadounidenses”.
Pero advirtió sobre el costo de la escalada: “Esperábamos, sin embargo, que este asunto pudiera resolverse sin una escalada adicional. Imponer un arancel del 50% a los destilados importados de Canadá profundiza las tensiones comerciales y eleva el riesgo de nuevas represalias en un momento en que muchos negocios gastronómicos y hoteleros estadounidenses siguen enfrentando dificultades financieras”.
Dentro de las bebidas, el arancel del 50% afectará a whisky, brandy, vinos, cervezas y sidras. En lácteos, el listado incluye leche y crema en distintas formas —en polvo o no sólidas—, además de suero deshidratado y concentrados de proteína de suero.
Trump también cuestionó el contingente arancelario (TRQ) que Canadá aplica a los quesos bajo el USMCA. Según la proclama, “Canadá no tiene los mismos criterios de elegibilidad para el USMCA y el CETA, desfavoreciendo el comercio de Estados Unidos”: mientras el esquema del USMCA no permite a los minoristas acceder a las cuotas de “quesos de todo tipo”, el acuerdo con la Unión Europea sí les otorga ese acceso.
La lista de bienes castigados se extiende además a productos como la “miel natural” y las “mezclas y masas para la preparación de productos de panadería”, en respuesta a los aranceles canadienses sobre vehículos automotores estadounidenses excluidos del USMCA. Con la fecha del 19 de agosto marcada en el calendario, la industria del vino y los destilados de ambos lados de la frontera espera definiciones.
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