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Nestlé y Danone, bajo fuego: una toxina en fórmulas infantiles desata una crisis global

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El hallazgo de una toxina peligrosa en un ingrediente usado por Nestlé, Danone y Lactalis en fórmulas infantiles abrió una grieta en el negocio global de la nutrición para bebés. El lado oscuro de una industria altamente concentrada, con cadenas de suministro complejas, márgenes elevados y un marketing que vende “leche casi humana” mientras los reguladores corren de atrás.

Un solo proveedor, 65 países y millones de latas en duda

En el centro del escándalo está un aceite rico en ácido araquidónico (ARA), un lípido diseñado para imitar un ácido graso presente en la leche materna. Ese ARA fue producido en China, en una planta de la biotecnológica Cabio Biotech, y quedó expuesto a cereulida, una toxina microbiana capaz de provocar vómitos y diarrea severa. El insumo contaminado se incorporó a cientos de líneas de fórmulas infantiles que terminaron distribuyéndose en más de 65 países en cinco continentes.

La industria de la fórmula, dominada por un puñado de grupos –Nestlé, Danone, Lactalis, Abbott Laboratories y Mead Johnson (Reckitt)– se vio obligada a reaccionar a nivel global. A lo largo de enero, tres fabricantes tuvieron que retirar del mercado los productos potencialmente contaminados con cereulida, en una oleada de recalls que reavivó el recuerdo de crisis previas, desde la melamina en China en 2008 hasta el brote de Cronobacter en Estados Unidos en 2022.

Rachel Childs, nutricionista senior de la ONG First Steps Nutrition Trust, apuntó al corazón del problema: “La fórmula infantil comercial se produce a través de una cadena de suministro impulsada por el lucro, y las compañías están bajo presión para abastecerse de ingredientes de bajo costo”. El resultado, advirtió, es que “la contaminación microbiana de un ingrediente de fuente única puede causar contaminación a escala global”.

Cabio, Wuhan y el eslabón débil de la cadena

La contaminación se rastreó hasta una instalación de Cabio Biotech, en Wuhan, que produce ARA a partir de hongos fermentados. La compañía, que hasta 2012 tuvo una joint venture con la estadounidense Cargill (hoy retirada de la producción, aunque aún vinculada a la distribución, según fuentes del sector), vio caer su acción casi 19% en un mes.

El golpe reputacional también alcanzó a los gigantes de marca:

  • La cotización de Nestlé, el mayor fabricante mundial de fórmulas infantiles, retrocedió casi 4% en lo que va del año.
  • Danone acumula una caída superior al 13% en el mismo período.

Para los inversores, el temor no es solo el costo del recall, sino el daño a largo plazo: “Los padres suelen cambiar de marca primero y hacer preguntas después”, resumió el analista de Barclays Warren Ackerman. “La pérdida de confianza puede durar más que el propio retiro de producto, llevando a una erosión estructural de cuota de mercado, deterioro de marca y salidas estratégicas”.

Toxina sin umbral regulado y denuncias penales

La toxina cereulida, producida por ciertas cepas de Bacillus cereus, no tenía hasta ahora un umbral de seguridad definido en Europa. Tras el escándalo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) anunció que actualizará su dictamen científico para fijar un nivel a partir del cual debe activarse un recall. Hoy, no existe un nivel “seguro” oficialmente establecido, lo que agrava la incertidumbre.

En paralelo, Francia abrió una investigación sobre la muerte de dos bebés que consumieron leche contaminada, aunque por ahora no se estableció un vínculo causal directo. Y la ONG Foodwatch presentó denuncias judiciales en Francia contra Nestlé y las otras empresas implicadas, así como contra autoridades europeas por no haber informado a tiempo a los consumidores.

“La industria de la fórmula infantil está legalmente obligada a garantizar la seguridad de los productos que pone en el mercado”, recordó Ingrid Kragl, directora de información pública de Foodwatch. “Las empresas a las que apuntamos han demostrado una negligencia espantosa”, disparó.

Qué sabían las empresas y cómo reaccionaron

Según la cronología publicada, Nestlé detectó la contaminación el 10 de diciembre, durante controles internos en una planta en Países Bajos. Pasó semanas analizando ingredientes hasta identificar al ARA como fuente del problema y recién el 5 de enero activó el retiro de productos.

De gran experiencia en la compañía, el recién asumido Philipp Navratil, Director General de Nestlé, al mando de una crisis de confianza.

La compañía sostuvo que fue “la primera” en detectar el incidente y que “actuó con rapidez para notificar a las autoridades, alertar proactivamente a la industria e informar a clientes, socios y, lo que es más importante, a los consumidores”.

Desde Lactalis, otro de los implicados, respondieron: “Lactalis aplica estrictos protocolos de calidad y seguridad alimentaria. La toxina cereulida no figura en la lista de controles regulatorios exigidos para productos infantiles, lo que explica por qué no fue identificada durante los análisis realizados”. Danone declinó realizar comentarios.

El trasfondo técnico es preocupante: la mayoría de las compañías corre sus propios esquemas internos de control microbiológico y de calidad, pero la creciente complejidad de ingredientes y cadenas logísticas puede dejar “puntos ciegos”. El analista de Vontobel Jean‑Philippe Bertschy fue contundente: “Dado el perfil de riesgo y el nivel de escrutinio regulatorio, creo firmemente que los fabricantes deberían –y en la práctica deben– externalizar más parte de su control y testeo de calidad, especialmente para ingredientes y productos altamente sensibles”.

Más ingredientes “premium”, mismas bases nutricionales

El ingrediente ARA reavivó una discusión que lleva años: ¿hasta dónde es razonable complejizar la fórmula en nombre de “acercarla a la leche materna”? Para diferenciarse y subir precio, las empresas suman capas de “innovación”:

  • vitaminas y minerales extra,
  • oligosacáridos de leche humana (HMOs) para “mejorar la salud intestinal”,
  • ácidos grasos como ARA para “estimular el desarrollo cerebral e inmune”.

El problema es que la evidencia no siempre acompaña las promesas. Nigel Rollins, profesor de salud materno‑infantil en la Queen’s University Belfast, lo resume así: “Las empresas hacen afirmaciones sobre potenciar la inmunidad, sugieren un mayor desarrollo cerebral, todo eso apela al deseo de una familia de dar a sus hijos lo mejor…”. Sin embargo, “ninguno de los estudios comparativos ha demostrado diferencias clínicas en el desarrollo intelectual o en la inmunidad”. Y agrega: “La leche humana y la lactancia interactúan con todo el sistema biológico. No se trata solo de agregar ingredientes”.

El Codex Alimentarius, código de estándares alimentarios de la ONU para fórmulas infantiles, fija una base nutricional obligatoria que todas las marcas deben cumplir. Todo lo que se suma más allá de esa lista –incluido el ARA– es opcional.

Una investigación reciente de la Competition and Markets Authority (CMA) del Reino Unido concluyó que los fabricantes cobran “por encima de lo razonable” por la fórmula infantil. Entre sus hallazgos, detectó que los ingredientes base de las líneas “premium” no cuestan más que los de los productos estándar, pese a la fuerte diferencia de precios. “La mayoría de las respuestas a nuestro informe interino… dijeron que la composición nutricional de estos productos hoy no varía de manera importante. Las alegaciones en contrario vinieron principalmente de los fabricantes”, señaló la CMA.

Para Rollins, hay también un problema de equidad: “Todo niño en el mundo merece el mejor estándar de nutrición. Si hubiera un HMO o un ácido graso cuya eficacia estuviera probada, eso no debería ser privilegio de quienes pueden pagarlo”.

Lo que viene: nuevas reglas y más presión sobre una industria bajo la lupa

Organizaciones como la International Baby Food Action Network reclaman que la OMS actualice los estándares globales, incluyendo advertencias claras sobre el riesgo de contaminación durante la fabricación, y no solo en la preparación en el hogar. La propuesta apunta a reflejar una realidad incómoda: cuanto más sofisticada y concentrada es la cadena, más sistémico se vuelve cualquier fallo.

Mientras tanto, el golpe reputacional ya está en marcha:

  • consumidores cambiando de marca sin mirar atrás,
  • acciones en caída,
  • denuncias penales y regulatorias,
  • y una discusión de fondo sobre hasta dónde la carrera por la “fórmula más parecida a la leche materna” está alimentada por la ciencia… o por el marketing.

Para gigantes como Nestlé, Danone y Lactalis, el desafío no será solo demostrar que pueden cerrar mejor sus controles. También deberán convencer a padres, pediatras y reguladores de que, en una categoría donde no hay margen para el error, el negocio dejó de estar un paso por delante de la seguridad.

Fuente: Financial Times, CureCompass.com.ar


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Juan Romero

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