No es momento de echarse culpas ni de buscar responsables, se toma menos vino, es un hecho cultural de los tiempos en los que vivimos. El consumidor ya no es el mismo, en estos días tiene otras búsquedas y para conquistarlos a ellos y a los del futuro hay que ponerse a trabajar. Ya no son tan pocos los que lo entienden así.
En su informe “State of the World Wine Sector in 2025”, la OIV describe un sector atravesado por lo que llama “cambios estructurales de largo plazo en los mercados maduros”, sumados a nuevos comportamientos de consumo y a la presión económica sobre el poder adquisitivo.
La fotografía de 2025 es contundente:
La OIV vincula el freno en el consumo a:
El director general de la OIV, John Barker, sintetizó el momento con una lectura amplia: “En los últimos años, el sector del vino ha tenido que adaptarse a desafíos climáticos, económicos y sociales permanentes”. Y agregó que en 2025, además, “la disrupción del comercio internacional por las políticas arancelarias fue otro impacto externo que productores, exportadores y la cadena de suministro debieron gestionar”.
La contracción se concentra en las grandes plazas históricas:
Pero no todo es contracción. Tres mercados se destacan en sentido contrario:
Estos datos confirman un patrón que en el Cono Sur ya se percibía en el negocio: mientras las plazas tradicionales ajustan por precio, salud y cambio generacional, algunos mercados emergentes —Brasil entre ellos— ofrecen una ventana de crecimiento para quienes sepan leer el mix correcto de precio, estilo y canal.
Del lado de la oferta, la OIV estima que la producción mundial 2025 fue de 227 mhl, apenas 0,6% por encima de la débil cosecha 2024 y todavía 9,4% por debajo del promedio de cinco años.
El organismo apunta a una combinación de factores:
En comercio exterior, la foto también es negativa:
La OIV relaciona estos números con:
Aun así, Barker remarca que el mercado, por ahora, no está en crisis de stock: “En general, el sector está mostrando su resiliencia, buscando nuevas oportunidades de mercado y ajustando la capacidad de producción en línea con la demanda”. La menor producción ayuda a evitar un exceso de inventarios que podría haber presionado aún más los precios a la baja.
Para bodegas y exportadores de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, el diagnóstico de la OIV deja varias señales claras:
El reporte de la OIV no trae buenas noticias, pero sí un mensaje nítido: el mundo del vino entró en una fase de menos volumen, más selección. Los que ganen en los próximos años no serán necesariamente los que más litros produzcan, sino quienes logren leer mejor a un consumidor que bebe menos, elige más y mira con lupa cuánto paga por cada copa.
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