Heineken está controlada por la familia De Carvalho‑Heineken, que mantiene una participación mayoritaria y ocupa cinco de los ocho asientos del directorio de la sociedad holding. En 87 años como empresa cotizada, el grupo nunca nombró a una persona ajena a la casa como CEO y solo una vez eligió a un director ejecutivo no neerlandés.
La renuncia de Dolf van den Brink, efectiva a fines del mes pasado, cayó peor de lo esperado en Ámsterdam:
Hoy el directorio está partido entre dos caminos:
“Es un gran dilema para la junta directiva”, reconoció una de las fuentes citadas en el artículo.
La presión pública para cambiar el patrón vino de dos pesos pesados entre los quince principales accionistas de Heineken.
Por un lado, Julien Albertini, portfolio manager de First Eagle Investments (uno de los diez mayores accionistas), sostuvo que la salida de Van den Brink, aunque “lamentable”, abre una oportunidad única para resetear la conducción:
“Mi preferencia sería quizás traer a alguien de fuera”, afirmó.
El movimiento permitiría, según él, incorporar “una perspectiva fresca” en una empresa que lleva años eligiendo perfiles formados puertas adentro.
Del otro lado, Daniel J. O’Keefe, gestor de cartera en Artisan Partners y también accionista relevante, coincidió en que Heineken debería nombrar un ejecutivo externo, pero se mostró escéptico sobre la capacidad del grupo para atraer a un talento verdaderamente top:
“Son una empresa controlada por una familia holandesa, así que tendrán que contratar a alguien que sea holandés, y… no pagarán lo que se requeriría para un ejecutivo verdaderamente talentoso y excepcional”, advirtió.
“Estamos destinados a contratar a alguien bastante mediocre, que ha sido la tónica de la empresa”, remató, en una de las frases más filosas que se recuerden de un accionista hacia la gestión de Heineken.
Según otra fuente cercana al board, algunos directores dudan de que Van der Linden y Caton estén “listos” para asumir el máximo cargo, mientras otros ven este momento como la oportunidad para romper la lógica endogámica y abrir la búsqueda a candidatos globales.
La indefinición empezó a pasar factura en el mercado. Desde comienzos de año, las acciones de Heineken caen alrededor de 5%, en un contexto donde el resto del sector de bebidas alcohólicas también sufre, pero con castigos diferenciados según la calidad del relato estratégico.
La semana pasada, Deutsche Bank rebajó su recomendación sobre el papel de “comprar” a “mantener”, mencionando explícitamente la incertidumbre sobre la transición de liderazgo como uno de los factores de preocupación.
Ante la presión, Heineken emitió un comunicado prometiendo que el proceso de selección del nuevo CEO se completará “en breve”, sin aportar más detalles y sin comentarios adicionales sobre el perfil buscado.
El debate sobre el futuro CEO no ocurre en el vacío. Heineken enfrenta un descenso en el consumo de cerveza en el mundo occidental al mismo tiempo que se le disparan los costos (insumos, energía, packaging, logística).
Ese combo no es exclusivo de la cervecera holandesa:
En ese contexto, O’Keefe fue contundente respecto a lo que cree que debería hacer Heineken si quiere enderezar el rumbo:
Para contratar a “la persona más idónea para el puesto”, la compañía debería realizar “una búsqueda global” y dejar que el nuevo CEO implemente su propia estrategia.
Pero el gestor de Artisan duda de que la familia controlante esté dispuesta a ceder ese nivel de libertad:
“Supone que la familia nunca les daría esa posibilidad”, deslizó.
Heineken, por su parte, rehusó hacer comentarios sobre las declaraciones de los inversores.
Para los analistas que siguen el negocio de bebidas, el caso Heineken es un test de algo más que una sucesión: es una prueba de hasta dónde una compañía controlada por una familia histórica está dispuesta a abrirse a talento externo y a una agenda de cambio real en un mercado que ya no se parece en nada al de hace diez años.
Desde el Cono Sur —donde Heineken compite fuerte en cervezas premium y mainstream, y donde los cambios en estrategia global impactan en inversión de marketing, portafolios y pricing— la definición del nuevo CEO no es un tema lejano: marcará cuánta agresividad comercial, cuánto foco en innovación y cuánta autonomía regional estarán dispuestos a habilitar desde Ámsterdam.
Por ahora, el mensaje es claro: los grandes fondos ya pusieron sobre la mesa que “más de lo mismo” no alcanza. El próximo movimiento lo tiene la familia Heineken.
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