El presidente de Kirin, Takeshi Minakata, encendió el debate global sobre el rol del alcohol al asegurar que la cerveza puede aportar a la “salud espiritual o mental” de las personas, incluso en un contexto donde la Organización Mundial de la Salud insiste en que no existe una cantidad segura de alcohol para la salud física. La declaración llega mientras el gigante japonés acelera su transformación: menos dependencia del alcohol, más foco en suplementos, probióticos y ciencia de la salud.
Durante un encuentro informal con la prensa, Minakata puso en palabras lo que buena parte de la industria piensa, pero cada vez se anima menos a decir en público.
“Desde una perspectiva espiritual o de salud mental, creo que el alcohol puede ser algo bueno. En términos de salud física, es cierto que el alcohol puede causar algún daño”, afirmó.
“El alcohol ayuda a que la gente sea feliz… energiza a la sociedad”, añadió, planteando que ese efecto social debería ser tenido en cuenta en el debate público.
Las declaraciones se dan en un escenario de endurecimiento del discurso sanitario: la OMS publicó en 2023 que “no hay un nivel de consumo de alcohol que sea seguro para la salud” y que el riesgo de cáncer y otras enfermedades comienza “desde la primera gota”, sin umbral claro a partir del cual el daño empiece a manifestarse.
Minakata, en la práctica, reconoce esta tensión: el alcohol como potencial daño físico, pero también como parte de la vida social y del bienestar percibido por millones de consumidores. Su postura se alinea con la que expresó el entonces CEO de Heineken, Dolf van den Brink, cuando defendió a la cerveza como “social lubricant” y remarcó que, en una época de soledad y epidemia de salud mental, su rol en “traer a la gente junta” debía formar parte del debate.
Las palabras de Minakata son parte de una estrategia más amplia de la industria para contrarrestar el discurso sanitario que asocia alcohol con riesgo en prácticamente todas las dosis.
Las cerveceras globales responden con dos argumentos:
En ese segundo punto, Kirin juega fuerte: junto con AB InBev y Heineken, ofrece versiones “zero” de sus marcas más conocidas, como Kirin Free, Beck’s Blue y Heineken 0.0, que buscan capturar tanto a quienes no pueden o no quieren beber alcohol como a consumidores que alternan entre bebidas con y sin graduación.
Más allá del discurso, el movimiento estratégico de Kirin va mucho más lejos que el de otros jugadores. Ante el envejecimiento de la población japonesa y un consumo de alcohol que tocó techo a fines de los 90, el grupo lleva décadas diversificándose hacia farma y salud.
Algunos hitos de esa transformación:
Hoy, Kirin integra estos activos bajo su división de health science, que utilizará a Blackmores como vehículo para distribuir vitaminas y suplementos en toda Asia, incluyendo su propio ingrediente funcional LC-plasma, desarrollado para apoyar el sistema inmune.
“Estamos evolucionando hacia una empresa de salud”, sintetiza Toru Yoshimura, presidente del negocio de health science, que se trazó como meta alcanzar U$S 5.000 millones en ingresos para 2035. Y aclara: “Pero eso no significa necesariamente que tener el negocio cervecero sea algo malo”.
La visión corporativa de Kirin lo refleja en su propio credo: “KIRIN brings joy to society by crafting food and healthcare products inspired by the blessings of nature”. La cerveza entra, así, en un paquete más amplio de “joy + health”.
Pese a que las acciones de Kirin subieron más de un tercio en los últimos 12 meses, siguen rindiendo por debajo del Nikkei 225, lo que muestra que buena parte del mercado aún no compra del todo la narrativa de “cervecera + health company”.
Aun así, no todos son escépticos. Jacky Tsang, analista de Morningstar, se declaró optimista respecto de la capacidad de Kirin para escalar su división de health science, apoyado en dos factores: la fortaleza de su red de distribución y la imagen de marca “premium” de Blackmores en la región.
Un ejecutivo cercano a la cúpula lo resumió con brutal honestidad: Kirin necesita “rezarle a Dios para que el negocio de health science despegue” antes de que el consumo de alcohol en Japón se contraiga drásticamente.
Para la industria argentina de bebidas y vino, el caso Kirin ofrece varias pistas útiles:
En ese tablero, la pregunta para las compañías de la región ya no es solo qué cerveza, vino o aperitivo lanzar, sino qué lugar quieren ocupar en la frontera difusa entre placer, bienestar y salud. Kirin eligió intentar jugar en los dos lados a la vez. El mercado aún no tiene claro si es genialidad o riesgo, pero el movimiento marca una dirección que otros, tarde o temprano, van a tener que mirar.
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