Arabia Saudita avanza con un cambio histórico. Según fuentes con conocimiento directo de los planes, el reino abrirá dos nuevas tiendas de alcohol destinadas exclusivamente a extranjeros no musulmanes, una en Jeddah y otra en Dhahran. El movimiento se suma al debut, en 2023, del primer local de este tipo en el distrito diplomático de Riad, donde el acceso está limitado al personal de misiones internacionales.
La decisión forma parte de un proceso gradual de regulación del consumo de alcohol para visitantes y residentes extranjeros, un tema especialmente sensible en un país que, durante décadas, mantuvo una prohibición estricta. El giro responde a una estrategia mayor impulsada por el príncipe heredero Mohammed bin Salman, enfocada en atraer talento calificado, inversores y turistas de alto poder adquisitivo.
El turismo es uno de los pilares centrales del plan saudí para diversificar una economía históricamente dependiente del petróleo. El objetivo es ambicioso: atraer 150 millones de visitas anuales para 2030.
Para lograrlo, el Fondo de Inversión Pública (PIF) —el vehículo soberano del país— lleva invertidos miles de millones de dólares en megaproyectos como Qiddiya, un distrito de entretenimiento al oeste de Riad, y complejos de lujo sobre el Mar Rojo. Hoteles, restaurantes y resorts internacionales ya construyeron bares y espacios preparados para operar con alcohol en caso de que la legislación evolucione.
Aun así, la postura oficial hacia el consumidor turista sigue siendo prudente. Un alto funcionario del Ministerio de Turismo dijo al Financial Times: “Estamos bastante bien sin eso por el momento”, y remarcó que la mayoría de los visitantes llegan al país atraídos por su naturaleza, cultura e historia. “El alcohol nunca ha sido parte de nuestra cultura”, agregó.
El local de Riad, que unificó un sistema antes descentralizado basado en envíos diplomáticos, recientemente amplió su alcance a ciertos titulares del programa de premium residency (PR). Este estatus —creado en 2019— otorga beneficios a expatriados altamente calificados o con ingresos superiores a U$S 20.000 mensuales. En 2023, más de 8.000 personas obtuvieron este permiso, aunque no está claro cuántas son no musulmanas y, por lo tanto, elegibles para comprar alcohol.
De acuerdo con las fuentes consultadas, la tienda de Dhahran —un área donde viven miles de expatriados del sector energético— funcionará dentro de un complejo residencial perteneciente a Saudi Aramco, la petrolera estatal y una de las empresas más valiosas del mundo. El sitio exacto del comercio previsto para Jeddah aún no fue definido públicamente.
Ambos locales abrirían en 2025, aunque hasta ahora no hay un cronograma confirmado ni un anuncio oficial. Consultados por la prensa internacional, ni la oficina de comunicaciones del Gobierno ni el Premium Residency Center respondieron a las solicitudes.
Durante los últimos años, Arabia Saudita levantó restricciones sobre entretenimiento, música en vivo y eventos públicos. Eliminó la obligatoriedad de la segregación por género y permitió que las mujeres conduzcan desde 2018, marcando un giro significativo en su agenda social.
El país también se prepara para ser protagonista de los próximos grandes eventos globales: será sede de Expo 2030 y del Mundial de Fútbol 2034. En contraste con Qatar, que habilitó zonas de consumo de alcohol para fanáticos durante la Copa del Mundo 2022, Riad insiste en que mantendrá sus lineamientos tradicionales durante estas citas internacionales.
A pesar de las especulaciones sobre una eventual liberalización total del mercado de bebidas alcohólicas, las autoridades mantienen su mensaje: se trata de permisos focalizados y destinados a residentes extranjeros en contextos controlados. El objetivo no es alterar su identidad cultural, sino facilitar la vida de los profesionales y diplomáticos que el país busca atraer.
Con el impulso del príncipe heredero y miles de millones invertidos en infraestructura turística, Arabia Saudita avanza con una estrategia que combina modernización económica, apertura selectiva y preservación cultural. Y las nuevas tiendas de alcohol reservadas para extranjeros se convierten en un símbolo concreto de esa transición cuidadosamente calibrada.
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