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Viña Santa Rita: del brillo exportador a pérdidas por casi $6 mil millones en el año de peor caída global

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Viña Santa Rita, controlada por el grupo Claro, cerró 2025 con ingresos por $157.009 millones (‑1,6%) (unos U$S 180 millones) y pérdidas por $5.870 millones (U$S 6,722 millones), golpeada por la caída de volúmenes y precios en Chile y Argentina, y por el menor consumo mundial de vino, en mínimos desde 1961.

La histórica Viña Santa Rita, controlada por el grupo Claro y referente del vino chileno en mercados como Latinoamérica, Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y China, cerró 2025 con una foto incómoda para cualquier bodega que juega en las grandes ligas: caída de ingresos, deterioro de márgenes y una última línea en rojo, en plena tormenta de consumo mundial de vino en su nivel más bajo desde 1961, según la OIV.

Un 2025 en rojo: ingresos a la baja y giro brusco en resultados

En su análisis razonado, Santa Rita informó que en 2025 sus ingresos retrocedieron 1,6%, hasta $157.009 millones, pero el verdadero golpe estuvo en el resultado final: pérdidas atribuibles a los propietarios de la controladora por $5.870 millones, frente a ganancias por $3.029 millones en 2024. La combinación de menor facturación, presión en precios y caída de volúmenes terminó dando vuelta una cuenta que el año anterior aún mostraba números positivos.

El detalle geográfico confirma que el problema es regional. En el resultado del ejercicio 2025, el negocio en Chile significó una pérdida de $3.769 millones ((unos U$S 4,7 millones), mientras que el negocio en Argentina registró pérdidas por $2.102 millones (unos U$S 2,4 millones) donde opera la bodega Doña Paula. Es decir, tanto el mercado doméstico como la operación trasandina contribuyeron al cambio de signo en la rentabilidad de la viña.

La compañía fue especialmente clara al referirse al impacto argentino:

En el caso de Argentina, el resultado se vio significativamente impactado por la aplicación de la contabilidad de hiperinflación, que exige la reexpresión de activos y pasivos no monetarios conforme al ajuste por inflación”, indicó.

Mercado local chileno: menos facturación, menor precio y menos volumen

En Chile, Santa Rita no solo vendió menos, sino que lo hizo a un precio promedio más bajo. Según la propia empresa,

el mercado local tuvo un peor desempeño que el año anterior”.

Los números que acompañan esa frase son elocuentes:

  • La facturación en el mercado local se redujo en $3.157 millones, lo que equivale a un decrecimiento de 5,3% respecto del mismo período de 2024.
  • Este desempeño se explica “principalmente por una disminución de 2,6% del precio promedio y de 2,8% del volumen vendido”.

Al compararse con el resto de la industria, Santa Rita muestra un perfil algo distinto:

Por su parte, la industria cae 6,7% en volumen y 0,3% en valor”, precisó la viña.

Es decir, mientras el sector en general pierde más volumen pero logra sostener mejor el valor, Santa Rita ajusta tanto cantidad como precio, una señal de presión competitiva y posiblemente de reposicionamiento de portafolio en segmentos donde el consumidor está más sensible al ticket.

Exportaciones desde Chile: golpe en volumen hacia todos los mercados clave

El frente externo tampoco dio respiro. Respecto de las exportaciones desde Chile, la compañía indicó que la facturación en pesos chilenos disminuyó en $2.888 millones, lo que representa una baja de 4,3% respecto al mismo período del ejercicio anterior.

Aquí también el problema fue de volumen:

Este resultado responde a una disminución de 4,3% en el volumen vendido, principalmente por menores envíos a mercados como Latinoamérica, Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y China”, añadió.

En comparación, “la industria cae 0,9% en volumen y 2,3% en valor”, por lo que nuevamente la bodega se ve más golpeada que el promedio en volúmenes, aunque el sector en su conjunto también sufre en valor. Para una casa como Santa Rita, con marcas que compiten en rangos medios y altos en esos destinos, el doble ajuste –de precio y de cajas– expone la dificultad de defender valor en góndolas cada vez más disputadas por vinos de otros orígenes y por otras categorías de bebidas.

Un contexto global adverso: consumo mínimo desde 1961 e incertidumbre arancelaria

Lejos de atribuir sus resultados solo a errores propios, la viña enmarca la caída en un cuadro estructural. En su análisis razonado afirma:

Todo lo anterior se da en un contexto desafiante para la industria, donde el consumo mundial de vino alcanzó en 2024 su nivel más bajo desde 1961, según datos de la OIV, impulsado por cambios en los hábitos de consumo, mayor competencia y mercados menos dinámicos”.

Los datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino muestran que el consumo global en 2024 se estimó en 214 millones de hectolitros, con una caída de 3,3% respecto de 2023, y en el nivel más bajo en más de seis décadas. Ese retroceso se explica por la conjunción de presión inflacionaria, incertidumbre geopolítica y cambios generacionales en los patrones de consumo, con jóvenes que beben menos vino y exploran otras bebidas alcohólicas y sin alcohol.

A esto se suma un factor clave para exportadores como Santa Rita:

la compañía apuntó a “un alto nivel de incertidumbre generada por la política arancelaria de Estados Unidos, lo que ha llevado a varios mercados a una mayor cautela en las decisiones de compra y a menor niveles de inventario”.

En la práctica, esto significa importadores más conservadores, pedidos más cortos y rotaciones más lentas, justo cuando las bodegas necesitan liquidez y espacio en bodega para nuevas cosechas.

Lo que deja 2025 para Santa Rita y la industria

La lectura que deja el caso Santa Rita para los lectores de Negocios Líquidos es doble. Por un lado, la bodega exhibe una pérdida de $5.870 millones en 2025, con resultados negativos tanto en Chile (‑$3.769 millones) como en Argentina (‑$2.102 millones), y una combinación compleja de caída de 5,3% en la facturación localbaja de 2,6% en el precio promediodescenso de 2,8% en el volumen doméstico y retroceso de 4,3% en las exportaciones. Por otro, esos números se insertan en una industria global que vende menos, a consumidores que beben distinto y con reglas comerciales más inciertas.

En ese mapa, la operación de Santa Rita –con su peso en Chile, Argentina y mercados clave como Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania, China y toda Latinoamérica– funciona como termómetro del vino del Cono Sur. Sus resultados 2025 obligan a revisar portafolios, posicionamiento de precios y estrategias exportadoras, en un negocio de bebidas donde ya no alcanza con tener etiqueta histórica: hay que saber leer, con precisión, cada punto de precio y cada caja que viaja al mundo.


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Juan Romero

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