En un informe elaborado en diciembre, el Instituto Nacional de la Leche (Inale) de Uruguay fue tajante: “no se anticipan mejoras significativas para el sector lácteo uruguayo” con el acuerdo. El organismo advierte que la entrada en vigor del tratado implicará “mayor competencia” dentro del Mercosur, especialmente en el acceso al mercado brasileño, donde hasta ahora Europa estaba prácticamente fuera de juego.
Según un ex embajador, una de las negociaciones más álgidas en las que participó en su vida está relacionada el mercado de los lácteos, donde europeos y estadounidenses podían pasar días sin ponerse de acuerdo peleando al detalle asuntos relacionados a los derivados de la leche como por ejemplo el queso y sus denominaciones de origen.
El entendimiento Mercosur–UE establece cuotas recíprocas específicas para productos lácteos:
Sobre esos volúmenes, los aranceles se irán reduciendo gradualmente a lo largo de 10 años hasta llegar a cero. Para Brasil –el gran supermercado de la región– esto implica que, en el mediano plazo, podrá importar una porción relevante de su demanda de lácteos desde Europa con ventaja arancelaria. Para Uruguay y Argentina, que hoy abastecen buena parte de las compras externas de leche en polvo de Brasil, el cambio pega en el corazón del negocio: el principal mercado dejará de ser casi exclusivo.
La economista Mercedes Baraibar, autora del estudio del Inale, sintetizó el problema en una entrevista con el noticiero Telemundo de Canal 12. Por un lado, reconoció que Brasil seguirá demandando productos lácteos de Argentina y Uruguay. Pero marcó un punto clave: el acuerdo introduce “condiciones de competencia que son más deterioradas” para los exportadores rioplatenses. “Antes Europa directamente no podía entrar”, explicó, dejando en claro que el diferencial regulatorio se esfuma.
Según Baraibar, la competencia será doble: en cantidad y en calidad. La Unión Europea no solo no es un gran comprador de leche en polvo de la región, sino que además:
A esto se suma que el bloque europeo ya es líder en fórmulas infantiles y tiene una altísima reputación en quesos. “Va a haber una mayor competencia de la Unión Europea principalmente en quesos pero también en leche en polvo, en un mercado que para Uruguay es históricamente importante”, advirtió la técnica. No es un detalle menor: Brasil representa entre un cuarto y un tercio de las exportaciones lácteas uruguayas, proporción que también es significativa para la exportación láctea argentina.
Baraibar agregó un matiz incómodo para la estrategia de “ganar Europa” desde el lácteo: “Los productos europeos son conocidos en Uruguay, pero a los uruguayos les costará hacerse conocidos en Europa”. Traducido al negocio, el intercambio no es simétrico: Europa llega al Mercosur con marcas y prestigio consolidado; los productos rioplatenses, no.
Dentro del rubro, el queso aparece como el frente más vulnerable. La combinación de una cuota de 30.000 toneladas para el ingreso de quesos europeos con arancel cero y la imagen de calidad que ya tiene Europa en este segmento amenaza el posicionamiento de las marcas uruguayas y argentinas en Brasil, donde hoy compiten con ventaja logística y arancelaria.
En leche en polvo, el riesgo es más gradual pero igual de relevante: un piso de 10.000 toneladas europeas entrando con trato preferencial puede presionar precios y márgenes en un mercado donde la región venía jugando casi sin rivales extrazona. Y en fórmulas infantiles, las 5.000 toneladas pactadas representan la formalización de un juego donde la UE ya venía fuerte, pero ahora con respaldo arancelario.
Del lado político, el acuerdo se presenta como un triunfo. El canciller uruguayo Mario Lubetkin lo había definido como el “regalo de Navidad” que el gobierno esperaba concretar en diciembre. Al confirmarse la disposición europea a firmar, Uruguay mantuvo un “perfil bajo” en el tramo final de las negociaciones, según el propio ministro, pero ahora se prepara para la foto en Asunción: el presidente Yamandú Orsi estará presente en la firma del tratado.
“Se le abre otro panorama completamente diferente al país. Otra oportunidad gigantesca como nunca antes, para un gran crecimiento económico exportador y que eso signifique fuentes de trabajo e inversión”, afirmó Lubetkin, alineado con la lectura oficial de que el saldo macro será ampliamente positivo.
El ministro de Economía, Gabriel Oddone, difundió estimaciones preliminares de impacto que refuerzan ese optimismo:
“El acuerdo Mercosur/UE, una vez ratificado por los parlamentos e implementado completamente, abre una gran oportunidad económica para la región, especialmente para Uruguay”, escribió Oddone en X. Y remató: “El acuerdo es un paso muy relevante para la apertura de la economía de Uruguay, así como para la modernización del Mercosur”.
Entre las proyecciones de crecimiento macro y las alertas sectoriales, el lácteo uruguayo y argentino queda atrapado en una tensión clásica: el país gana apertura y oportunidades en agregado, pero un sector clave de su economía primaria enfrenta el riesgo de perder terreno justo donde hoy es fuerte.
Con Brasil concentrando entre el 25% y el 33% de las exportaciones lácteas uruguayas, y siendo también el principal destino de los lácteos argentinos, cualquier pérdida de participación frente a los europeos tendrá efectos directos en precios al productor, rentabilidad industrial e inversión en la cuenca. En un negocio de márgenes ajustados, la entrada de nuevos competidores con apoyo estatal y prestigio de marca puede marcar la diferencia entre un sector que se expande y uno que entra en modo defensivo.
El acuerdo Mercosur–UE llega, así, con doble cara para el negocio de las bebidas y los alimentos de la región: abre puertas para muchos productos, pero para la leche rioplatense, en particular en Brasil, puede significar que la puerta que se abre a Europa sea, al mismo tiempo, la que empiece a cerrarse –aunque sea de a poco– para sus exportadores históricos.
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