La multinacional mexicana Alpek, uno de los mayores productores de PET del mundo y proveedor clave de envases para gigantes de las bebidas como Coca‑Cola y Manaos, anunció el cierre de su planta de reciclaje Ecopek en General Pacheco. La decisión deja sin actividad a una instalación considerada “de frontera tecnológica”, afecta a unos 40 operarios y expone un dato incómodo para la región: sin regulación que impulse el uso de material reciclado, el negocio circular no cierra.
El anuncio llegó en un comunicado interno “cuidadoso”, firmado por Emilio Larrañaga, director de Ecopek en Argentina, donde se oficializa el cierre de la planta de reciclaje de Pacheco a partir del 31 de marzo. La unidad, que se había ido achicando en los últimos meses, opera hoy con alrededor de 40 trabajadores.
Según Larrañaga, la decisión se apoya en dos factores centrales:
Fuentes cercanas a la compañía subrayan que la planta que baja la persiana es una instalación “en la frontera tecnológica” en materia de reciclado de PET, lo que marca la paradoja: Argentina pierde capacidad de reciclaje de punta justo cuando el mundo discute cómo reducir la huella de los envases.
Parte del diagnóstico de Alpek apunta directamente a la comparación con los países vecinos. En Brasil y Uruguay rigen disposiciones muy estrictas sobre reciclado de plásticos, que imponen:
Ese tipo de marco –explican en la empresa– fue precisamente el que los llevó a apostar por una “colosal planta de reciclado” como Ecopek. Sin obligaciones o incentivos equivalentes en el mercado argentino, la demanda de PET reciclado no alcanzó para sostener la operación.
El mensaje implícito para la política pública es claro: donde hay metas y coerción regulatoria, el negocio del reciclado tiene escala; donde no, la ecuación económica se vuelve frágil, incluso para jugadores globales.
Más allá de Ecopek, Alpek mantiene en pie su planta de PET en el parque industrial de Zárate, señalada por especialistas como una instalación “de última generación”. La empresa aclara que este activo “no está en riesgo”, aunque sufre la caída en las ventas de gaseosas, que reducen la demanda de envases.
El grupo es un jugador sistémico en la cadena de packaging de alimentos y bebidas:
A escala global, Alpek es una de las petroquímicas líderes de América y una de las mayores del mundo, con una capacidad instalada superior a 8 millones de toneladas, unos 5.000 empleados, y 31 plantas en 9 países. En su último balance reportó un EBITDA cercano a los U$S 500 millones.
Fundada en 1975 en México, comenzó produciendo glicoles, poliuretanos y fibras (nylon y poliéster), y fue expandiéndose con nuevas plantas en Estados Unidos, consolidando una presencia muy fuerte en Brasil.
El cierre de Ecopek en Pacheco no es solo una noticia industrial; es también un test de realidad para el discurso de la economía circular en Argentina:
Para la industria de bebidas, alimentos y aceites, la salida de Ecopek reduce la capacidad local de recuperar y reprocesar PET, justo cuando los consumidores, los retailers y muchos grupos internacionales presionan por botellas con más contenido reciclado y menor huella de carbono.
Mientras Alpek ajusta su footprint y concentra recursos en mercados con reglas más claras, Argentina pierde una pieza importante de su incipiente infraestructura de reciclado avanzado. El desenlace deja una pregunta abierta para reguladores y empresas: ¿cuánto más se puede postergar un marco que haga viable, también en el negocio, lo que todos dicen defender en los discursos sobre sustentabilidad?
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