Coca-Cola President and CEO James Quincey attends a press conference with International Olympic Committee (IOC) president and China Mengniu Dairy CEO and Executive Director, as part of the 134th Session of the International Olympic Committee (IOC) at the SwissTech Convention Centre in Lausanne, on June 24, 2019. - The International Olympic Committee (IOC) in Lausanne, Switzerland, will elect in a final vote on June 24, 2019 the host city for the 2026 Winter Olympics. The two remaining host cities in the election process are Stockholm-Are, Sweden, and MilanCortina d'Ampezzo, Italy. (Photo by Fabrice COFFRINI / AFP)
En un hecho que sorprendió no solo a la industria de las bebidas -una pesadilla para cualquier empresa- y desató un intenso debate, Coca-Cola confirmó que lanzará próximamente en Estados Unidos una nueva versión de su refresco emblemático pero ahora endulzada con azúcar de caña y no con jarabe de maíz, todo tras la publicación de una declaración pública en redes sociales del presidente Donald Trump.
Fue un momento inesperado. El pasado miércoles, Trump publicó en su red social Truth Social que Coca-Cola “había aceptado cambiar su fórmula tradicional”, utilizando “azúcar de caña real” en lugar del jarabe de maíz de alta fructosa (HFCS).
Como era lógico, la empresa no estaba preparada para ese anuncio y, si bien “agradeció” el entusiasmo del mandatario, defendió el uso del jarabe de maíz en sus productos como “solo un endulzante derivado del maíz”. Seis días después, la compañía confirmó que, efectivamente, lanzará la versión con caña de azúcar, que convivirá con la receta con jarabe de maíz con alta fructosa.
James Quincey, CEO mundial de Coca-Cola, calificó esta decisión como una “estrategia de ‘y’ y no de ‘o’”, aclarando que “Vamos a continuar usando mucho del jarabe de maíz que ya empleamos”.
Muy diplomáticamente Quincey explicó también que la empresa ha incorporado caña de azúcar en otras bebidas como limonadas y tés, y que la demanda creciente podría estimular una mayor producción local: “Si hay más demanda, se plantarán más hectáreas. Estamos confiados en que el suministro no será un problema”.
Este cambio es parte de una agenda más amplia impulsada por Trump y Robert F. Kennedy Jr., Secretario de Salud y Servicios Humanos bajo su administración, que buscan promover una alimentación más saludable en Estados Unidos. Sin embargo, no se trata de regulaciones formales, sino de acuerdos voluntarios que han presionado a grandes empresas como Kellogg, PepsiCo y Kraft Heinz a eliminar colorantes y aditivos artificiales de sus productos.
Este enfoque, popular entre seis de cada diez estadounidenses, plantea un desafío para la predictibilidad y estabilidad que las empresas necesitan para planificar inversiones: “Las reglas que cambian de un día para otro dificultan la innovación y la capacidad de las compañías para invertir en investigación y manufactura”, advierten analistas del sector que expresan lo que sus clientes no pueden decir públicamente.
El efecto del anuncio fue inmediato. Antes de la aclaración oficial, las acciones de grandes procesadoras de maíz como ADM e Ingredion sufrieron caídas debido a la incertidumbre sobre sus contratos con Coca-Cola. Sin embargo, la fortaleza financiera de la compañía preservó su valor y confianza.
En su reporte financiero del segundo trimestre de 2025, Coca-Cola informó:
Quincey remarcó que la apuesta por la fórmula de caña de azúcar responde no solo a la demanda del público y la presión política, sino también a un movimiento estratégico de diversificación frente a una base de consumidores cada vez más preocupada por la composición saludable de los productos que consumen.
“El presidente ha sido un entusiasta y dedicado admirador de la marca. Creo que cuando se enteró, se emocionó y eso nos encanta”, destacó el CEO, reafirmando el vínculo simbólico de Coca-Cola con Estados Unidos y con la compleja administración Trump.
Mientras tanto, las preguntas sobre si este cambio mejorará realmente la salud pública o si es un movimiento más bien de marketing y relaciones públicas persisten. Lo cierto es que Coca-Cola apuesta a ampliar las opciones de sus consumidores tradicionalistas -lo hace desde hace tiempo en México- y aquellos que prefieren ingredientes naturales —una jugada que abre un nuevo capítulo en la batalla por el gusto y la innovación en el mercado de refrescos.
En conclusión, Coca-Cola responde a las presiones políticas y sociales con innovación y flexibilidad, lanzando una nueva versión que busca complacer a parte del mercado estadounidense y las nuevas tendencias. Sin embargo, el episodio también refleja las complejas tensiones entre industria, política y consumidores, y cómo estas influencian la evolución de productos icónicos en la era actual.
Más allá de cualquier polémica, junto al anuncio de la nueva versión de Coca-Cola, la compañía reportó sólidos resultados financieros en el segundo trimestre de 2025:
La compañía, además, mantuvo su guidance de crecimiento para el resto del año, mostrando resiliencia a pesar de una leve baja del 1% en los volúmenes globales y un consumidor final cada vez más atento a los ingredientes y al precio.
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