El riesgo de una nueva “guerra de precios” es inminente en categorías premium que hasta ayer parecían blindadas y ahora vuelve a estar sobre la mesa de negociación. Mientras en Argentina buscan señalar al gobierno actual como responsable de la crisis de los diferentes sectores como el del vino, la crisis del sector de las bebidas se siente fuerte en todo el mundo.
La pregunta es quien ganará esa próxima e inminente batalla. ¿El consumidor? ¿Las grandes compañías? ¿Los países centrales? En un mundo temeroso de las políticas arancelarias, de la inflación y de proteccionismos, las empresas evalúan sus próximos pasos que las ayudarán a sobrevivir a una tormenta que parece inevitable.
Los informes financieros de las cinco mayores empresas cotizantes del sector muestran la dimensión del problema: están sentadas sobre U$S 22.000 millones en espirituosos en maduración, el nivel de inventarios más alto en más de diez años. En el caso más extremo, el del cognac francés, Rémy Cointreau acumula €1.800 millones en eau‑de‑vie en barrica, casi el doble de su facturación anual y muy cerca de todo su valor de mercado.
El analista Trevor Stirling, de Bernstein, no duda al calificar la situación: “La acumulación de existencias no tiene precedentes”, señala, y subraya que los stocks actuales ya superan los que se acumularon tras la crisis financiera global. Solo en Diageo, el valor de los espirituosos añejos –principalmente whiskey americano y Scotch– llegó a U$S 8.600 millones a junio del año pasado, con madurados que pasaron de representar el 34% de sus ingresos anuales en 2022 al 43% en 2025.
La raíz del problema está en una lectura demasiado optimista del boom de consumo durante la pandemia. Ante el salto en ventas de 2020‑2021, las compañías reaccionaron aumentando fuertemente la producción de destilados que requieren años de crianza. “En 2021 y 2022, todo el mundo perdió el control y pensó que [la demanda] seguiría así para siempre”, admite Stirling.
La realidad pospandemia fue otra. La inflación global y el ajuste de ingresos disponibles enfriaron el consumo de espirituosos, disparando profit warnings, cambios de management y salidas de accionistas de las grandes compañías. En paralelo, el mercado comenzó a debatir si el freno no responde también a un cambio de hábitos más profundo, ligado al enfoque en salud, bienestar y al impacto de medicamentos para bajar de peso como Wegovy u Ozempic sobre el consumo de alcohol.
La volatilidad es especialmente tóxica para productores de bebidas añejas, que planifican producción muchos años hacia adelante. En cognac, por ejemplo, los grupos deben decidir hoy cuántos litros de eau‑de‑vie destinarán a perfiles de 2, 4, 10 o 12 años, asumiendo un nivel de demanda futura que puede cambiar drásticamente.
El cognac sufrió el golpe más duro. El Bureau National Interprofessionnel du Cognac (BNIC) reportó que las exportaciones cayeron 72% interanual en febrero de 2025, una cifra que por sí sola explica parte del exceso de stock. A esto se sumó la ofensiva comercial de China, que impuso un arancel de 34,9% al cognac europeo en el marco de tensiones con la UE, con una salvedad: Pernod Ricard, LVMH y Rémy Cointreau quedaron exentos si aceptaban vender a un precio mínimo pactado.
En la actualización semestral de Rémy Cointreau en noviembre, su CEO Franck Marilly reconoció una caída del 7,6% en los ingresos orgánicos de cognac y deslizó que el exceso de eau‑de‑vie obligará a un ajuste a la baja: “Estamos en un mundo diferente”, dijo. Un ejemplo concreto: durante la pandemia, el Hennessy de LVMH llegó a venderse a U$S 45 la botella en Estados Unidos; hoy puede encontrarse a U$S 35.
El tequila repite una dinámica similar. La categoría vivió una década de boom, apuntalada por marcas apadrinadas por celebridades como George Clooney, Dwayne “The Rock” Johnson o Kendall Jenner, que llevaron a grupos como Diageo y Brown‑Forman a invertir millones de dólares en nueva capacidad productiva en México.
Pero cuando esas plantas entraron plenamente en operación, la demanda ya estaba aflojando. A fines de 2024, México acumulaba más de 500 millones de litros de tequila en inventario, casi el equivalente a toda su producción anual. En Estados Unidos, principal mercado, la señal también es preocupante: las ventas totales de espirituosos –de Don Julio tequila a Jameson Irish whiskey– cayeron 3,4% en las cuatro semanas hasta fin de diciembre, frente a una baja del 2,4% en las cuatro semanas previas, según Nielsen.
Por ahora, los grandes grupos evitaron lanzar rebajas agresivas como las de la histórica “whisky loch” de los años 80. Pero el peso de las inversiones en capacidad y almacenamiento se siente nítido en los balances.
El financiamiento del exceso de stocks elevó el apalancamiento de los grandes jugadores. Diageo muestra hoy una deuda equivalente a 3,4 veces su EBITDA ajustado, por encima de su objetivo de menos de 3 veces. Pernod Ricard se ubica en 3,3 veces, claramente sobre su rango histórico de 2,5–2,9 veces.
Para frenar la bola de nieve, varias compañías optaron por parar producción y concentrarse en vender lo que ya tienen:
El analista de Jefferies Edward Mundy advierte que el remedio también tiene riesgos: “Si reduces el inventario durante una recesión, tendrás grandes problemas cuando intentes satisfacer la demanda en el futuro”, señala. En su visión, el ciclo de boom y desplome de espirituosos de los últimos cinco años fue “casi imposible de predecir”, y cualquier ajuste hoy se hace a ciegas respecto de lo que ocurrirá en cinco o diez años. “En última instancia, hay un elemento de juicio humano… simplemente no se sabe cómo será la demanda dentro de cinco años”, reconoce.
El escenario actual deja varias lecciones para el negocio de las bebidas premium:
Mientras tanto, en los depósitos de Europa, Estados Unidos y México se acumula un “lago” de espirituosos que tardará años en drenarse, y que obligará a las grandes casas del segmento –de Rémy Cointreau a Diageo, de Campari a Pernod Ricard– a repensar no solo su calendario de producción, sino también cómo volver a seducir a un consumidor que, por primera vez en mucho tiempo, está tomando menos… o está dispuesto a pagar menos por cada trago.
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