Se está explorando una nueva frontera vitivinícola en Chile, gracias a un viñedo de 2 hectáreas establecido en Isla de Pascua. También conocida por su nombre nativo, Rapa Nui, la isla se encuentra en medio del Océano Pacífico en la Polinesia Chilena, a 3.540 km de la costa de Valparaíso y a 4.231 km de Tahití.
El viñedo, plantado con 3.500 cepas de Chardonnay y 3.500 de Pinot Noir, fue creado por un grupo de emprendedores, liderado por el ingeniero agrónomo y enólogo Álvaro Arriagada. Otros socios del proyecto son Poki Tane Hao Hey y el consultor de vinos Fernando Almeda, con el apoyo de Cristián Moreno Pakarati, historiador de la Universidad Católica.
“Rapa Nui tiene un clima subtropical, suelos volcánicos y está fuertemente influenciada por la corriente fría de Humboldt, que se diferencia de las islas ubicadas en la Polinesia Francesa”, dice Arriagada. “Con aguas más frías y temperaturas menos extremas con niveles más bajos de humedad, indica que el crecimiento de las vides con fines de vinificación podría desarrollarse con éxito”.
La investigación local demostró que las vides fueron introducidas por primera vez en Rapa Nui por colonos franceses de Tahití en la Polinesia Francesa. Estas primeras vides se plantaron dentro del volcán Rano Kau, junto con bananas, mangos y aguacates. Ofreciendo protección contra las condiciones de viento en la isla, el volcán proporcionó las condiciones adecuadas para el desarrollo y cultivo de frutas y vid.
La realidad es que no hay certeza del origen de las vides en Isla de Pascua. Según Moreno Pakarati las plantas que crecieron en las laderas de volcán Rano Kau tienen entre 100 y 140 años. “Hacia 1860 llegó una misión del Sagrado Corazón proveniente de Francia. Ellos tenían problemas para celebrar sus oficios religiosos, porque no contaban de manera regular con vino para las ceremonias. Es muy probable que para sortear esta escasez los barcos que llegaban desde Valparaíso trajeron estacas pensando en la producción local de vino. Esta es una de las teorías que existen para explicar el fenómeno”.
Las vides florecieron, como descubrieron Arriagada y su equipo cuando siguieron un sendero de trekking desde la base del volcán hasta el interior. Dentro del cráter encontraron enredaderas silvestres trepando entre las grandes rocas volcánicas.
El proyecto cuenta con recursos de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), que además de haber financiado los costos de adquisición y traslado desde el continente del Chardonnay y el Pinot Noir, posibilitará el viaje de un ampelógrafo que determine la variedad o variedades que se rescataron desde el Rano Kau.
Arriagada nos especifica que hay uvas tintas, blancas y rosadas, pero que no logra entender si es por un tema de madurez o una característica de la variedad. “Por el momento no es un tema que nos apure. Estamos enfocados en mapear cada proceso para aprovechar eficientemente los recursos que disponemos”.
“Cortamos 300 cepas de las cepas silvestres que se encuentran dentro del volcán Rano Kau, en diferentes estados de crecimiento y madurez, algunas de las cuales producen uvas”, explica Arriagada. “Hemos creado un vivero para evaluar la adaptabilidad y el crecimiento. El próximo desafío es realizar un estudio de ampelografía para averiguar cuáles son las variedades ”.
El vivero está ubicado junto al nuevo viñedo, a 8 km al norte de Rano Kau en Pu Ika ta’e Hape. El terreno elegido para el emplazamiento del viñedo es franco y ligero con un buen nivel de materia orgánica. “Estoy muy emocionado con este desafío, especialmente considerando el material vegetal desconocido y las condiciones climáticas y del suelo extremas que generan incertidumbre técnica, algo difícil de encontrar después de 35 años de experiencia [trabajando con vides]”, agrega Almeda.
Mientras el clima, los suelos y la mano del hombre van moldeando este notable hallazgo a más de 3 mil kilómetros del continente, Arriagada comparte en un grupo de catas que llamaron Chevaliers du Bouchon, donde también participa Cristián Moreno Pakarati. Su trabajo como distribuidor de licores en la isla le ha abierto la puerta a más viñas y pequeños productores de vino que cada semana se catan a ciegas entre los distintos bebedores. “Seguramente en unos años más estaremos descorchando nuestro propio vino y un espumante”.
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